Torre de Cope

FICHA DEL PUNTO DE INTERÉS

Latitud: 37º 26',13 N
Longitud: 01º 29' O


Clasificación: Cultura
Situación: Tierra


Ciudades:
Costas: ,
Países:
Océano / Mar:

Localización - Google Map


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Descripción del punto de interés

Es una torre de vigilancia costera situada al norte del cabo de Cope, dentro del término municipal de Águilas (Murcia). También conocida como del Santo Cristo, fue construida en el siglo XVI, a pocos metros de la orilla del mar, por el Concejo de Lorca para proteger a los pescadores que faenaban en su litoral y a los pastores de la zona de los frecuentes ataques de los piratas berberiscos y corsarios norteafricanos musulmanes, habitualmente pillajes y raptos que terminaban con su muerte o esclavización.

En el año 1530, durante el reinado del emperador Carlos I, se ordenó su edificación mediante una Real Cédula y provisión, dentro de un extenso programa de construcciones defensivas de la costa levantina. Realizado un primer proyecto, hasta 1539 no se comenzó la obra, levantándose varios muros de la torre pero sin llegar a terminarse, quedando abandonada. El diseño original consistía en una torre exenta de planta cuadrada con una serie de elementos característicos de la época que fortificaban la estructura y que consistían en almenas, saeteras, un matacán y la puerta de acceso sobreelevada respecto al nivel del terreno.    

   

A la izquierda, alzado sur de la torre, con el revellín reconstruido que protegía el acceso a la torre en la parte de izquierda de la fotografía. A la derecha, frente hacia el mar de la torre, añadido a la original torre cuadrada posiblemente para hacerla más segura contra los ataques de artillería.

   

A la izquierda alzados este y norte. A la derecha, alzado norte.

En 1568, Felipe II encargó a Vespasiano Gonzaga, acompañado del ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, la inspección y construcción de las fortificaciones del puerto de la ciudad de Cartagena y de los litorales murciano y valenciano, además de los puertos africanos de Orán y Mazalquivir, reanudando la construcción de la Torre de Cope y concluyéndose aproximadamente en el año 1574, junto a su ampliación y adecuación a los nuevos requerimientos defensivos.

Aunque cercana a un manantial de agua que todavía se conserva a pocos metros hacia el oeste de la torre, el emplazamiento elegido no fue el más apropiado, pudiendo ser la fortificación asediada con relativa facilidad dada la irregularidad topográfica de su entorno.

Terminada la fortificación, fue dotada para su defensa con tres pequeñas piezas de artillería y una dotación de entre tres y cuatro soldados. Tras distintos asedios que ocasionaron en ella daños y dieron lugar a las correspondientes reparaciones, la torre fue atacada por cinco bajeles musulmanes en la primavera de 1582, siendo saqueada y cautivo su destacamento, quedando seriamente dañada hasta el último tercio del siglo XVII.

Efectivamente, la torre no sería reedificada completamente hasta 1663, cuando ya los condicionamientos económicos, sociales y políticos eran bien diferentes, siendo precisa para defender las almadrabas que se situaban en el mismo Cope y Calabardina y suministraban sus capturas de pescado fresco y salazones a toda la comarca. La torre fue mejorada con un cuerpo trapezoidal que fue adosado a la cara que miraba al mar, además de un revellín o amurallamiento exterior provisto de dos pequeñas torres circulares que flanqueban la puerta y los muros

Tras una nueva serie de ataques y reparaciones, en el año 1702 se realizó una nueva reforma que haría posible que la torre albergase una mayor guarnición, de cincuenta soldados, mediante la transformación de los almacenes en habitación de tropa. El mal emplazamiento estratégico de la torre siguió facilitando su ataque por parte de piratas berberiscos, ocasionando de nuevo sucesivas remodelaciones durante el siglo XVIII hasta la que se llevó a cabo en 1801, en la que se volvieron a transformar en almacenes las dependencias de alojamiento de tropa para guardar en ellos los productos de las almadrabas.

La ocupación de las costas argelinas por Francia en 1830 y el consiguiente y definitivo cese de incursiones agarenas, junto al establecimiento del departamento marítimo en la ciudad de Cartagena favorecieron que fuera perdiendo su misión y su desmantelamiento y abandono, deteriorándose lentamente hasta que fue restaurada a finales del siglo XX según las últimas remodelaciones del siglo XVIII, se encuentra en buen estado y puede ser visitada parcialmente gracias a una escalera de caracol exterior que se ha construido para facilitar a los visitantes el acceso a las distintas estancias (almacén y dormitorio) y a la terraza superior, donde se encontraba el alojamiento de los torreros junto a un pequeño cobertizo para guardar el armamento.

      

   

Tres vistas del frente de acceso oeste a la torre, con la escalera de caracol instalada en su reciente restauración. Originalmente se accedía a la torre por medio de una escala que era retirada. Se pueden observar las ménsulas del matacán que protegía la entrada desde su parte superior. En la última fotografía se aprecia una de las bóvedas que cubren las cámaras interiores.

   

A la izquierda plataforma de cubierta de la torre y su parapeto, lugar en que se encontraba su artillería y se dominaba la Ensenada de la Fuente. A la derecha fotografía desde la cubierta de la torre de parte del revellín defensivo situado en su lado oeste y que se utilizaba para proteger el acceso a ésta.

   

A la izquierda, vista desde la torre hacia el norte, con la Punta de Calnegre y el Golfo de Mazarrón y Cartagena en el horizonte. A la derecha, vista desde la torre hacia el sur, con la Punta de las Cabricas, perteneciente al Cabo de Cope, al fondo.

Referencias

Ramiro Feijoo. La ruta de los corsarios II.- Murcia y Andalucía. Editorial Laertes. Año 2000.

Algunas breves características: hago buenos amigos en el mar. Soy perfectamente capaz de hacer naufragar un barco yo solo. No me mareo ni con mar de fondo (no como algunos lobos de mar que pasan a color verde en cuanto que el barco se mueve un poco) ,debido a ésto último soy un buen pinche de cocina: preparo la comida, la sirvo, la subo, la recojo, la bajo y friego los platos divinamente, dejándolo todo inmaculadamente limpio. No sé contar chistes, pero me río con todos los que me cuentan aunque no tengan la más mínima gracia. Vamos, el acompañante perfecto de cualquier travesía. Y si bajamos del barco, hago de guía si hay algún monumento cercano.

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