Viaje Ibiza – Formentera

FICHA DE LA BITÁCORA

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Cuaderno de bitácora

Ruta Ibiza 2012: Dénia – Port Roig- Ses Salines – Cala Sahona – Illetes – Espalmador – Puerto Ibiza – Cala Llonga – Puerto Ibiza – Dénia

1er día – 15 Julio – Domingo – Check-in y Travesía

El día 15 de julio, del año 2012, domingo, hemos quedado toda la tripulación en la Marina de Dénia. La tripu está compuesta por Laura, Helen, Sergio, Oscar, Carlos, Javi, Adolfo, and myself. Nuestro barco, el Nannai, es un flamante y velocísimo Sun Odyssey 39i. Por supuesto, con la mayor tradicional con lazy, como tiene que ser…

Adolfo y yo hemos llegado a Denia a mediodía y después de comer nos dirigimos prestos a hacer el check-in de nuestro barquito. El resto de la tripu no vendrá hasta la noche, pues viajan desde Barcelona. Por tanto nos disponemos entre los dos a revisar la embarcación y a estibar todos los víveres, que muy convenientemente habíamos encargado por Internet en el Mercadona, y que la empresa de charter, ha depositado amablemente en el barco. Jamás una costosa operación de “primer día compra, transporta y carga” ha resultado tan rápida y cómoda ! A pesar de todo, como sólo somos dos, tardamos nuestro par de horitas en colocar todas las botellas, las cosas de frío, los aperitivos, desayuno, etc. (Es una macro-compra calculada para 8 personas y 5 días, así que es mucha tela..)

El barco está en perfecto estado, todo muy bien señalizado y el motor se ve que está cuidado y perfectamente limpio. De hecho, ya hicimos este año La Ruta de la Sal en este mismo barco, el Nannai, y por tanto ya sé que navega estupendamente. Lo único que parece estar en peor estado es la dingui, que se ve algo deshinchada, pero nos la cambian por la del barco vecino. El barquito tiene hélice de proa pero no funciona, así que mejor, que eso de usar la hélice es hacer “trampa”,  que así atraca hasta un niño pequeño y desde luego le resta toda la emoción!

El velero es ideal para 6 personas, con sus 3 cabinas, pero la mesa del salón se convierte, cambiando las patas, en una gran cama, dando espacio para dormir cómodamente 8 pasajeros. En la propia revisión decidimos bajar la mesa y ya dejar lista la cama, que se quedará así durante todo el viaje. En la revisión vemos que el barco marca 3/4 de gasoil, y Kiko, el gerente de la empresa me ofrece ir un momento a la gasolinera del puerto a repostar. Por experiencia previa con el tanque ya sé que la marca de 3/4 puede indicar en realidad que queda menos de medio depósito, pues en estos barcos, el indicador de nivel no baja nada, y de pronto se pone por la mitad, etc.. Así que no me arriesgo a hacer la travesía hasta Ibiza con un nivel desconocido de gasoil. Pilotamos con la ayuda de Kiko el barco hasta la gasolinera, donde – efectivamente – repostamos más de 40 litros, casi la mitad de la capacidad (90 L) del depósito.

La salida a repostar con Kiko me viene de perlas, no sólo para practicar las maniobras en puerto, sino porque además Kiko es un maestro en el gobierno de veleros, y me da indicaciones muy útiles a modo de lección. El barco está en un atraque donde el viento entra del través, no hay vecino a sotavento, y la salida es hacia barlovento, así que lo primero que hacemos es quitar la amarra de popa de sota y dar durante unos segundos marcha avante para colocar bien recta la proa. La “colocación” de la proa es clave. Largamos muerto y salimos amollando un poco la amarra de barlovento, a pesar de que no hay demasiado viento lateral, pero es la manera de hacer la maniobra perfecta.

La posterior salida del muelle de la gasolinera refuerza la lección de que la colocación previa del barco en cualquier maniobra es clave. El barco está pegado al muelle por el costado de babor y a proa no hay mucho espacio para maniobrar así que hay que salir marcha atrás. El viento entra (no muy fuerte) por la amura de estribor. Sigo las indicaciones de Kiko al pie de la letra. Lo primero meto toda la rueda a babor y embrago un breve momento marcha avante. De esta manera la proa se pega al muelle y se abre un poco la popa, de manera casi inapreciable, pero lo que hemos hecho con este gesto es colocar el barco para salir. Acto seguido máquina atrás con rueda aún a babor. El barco se separa en diagonal del muelle marcha atrás y la popa se desplaza ligeramente a babor situando el barco paralelo pero ya alejado del muelle. Nuevamente el previo toque avante a babor es la clave del éxito de la maniobra.

Tras esta lección de maniobras, descansamos un poco, a la espera del resto de la tripulación. Sobre las 22:00 llegan nuestros amigos de la ciudad condal, y tras las presentaciones, una ligera cena en la Marina y estibar los últimos trastos, el Nannai zarpa, exactamente a las 00:30 horas. Justo cuando el barco atraviesa la bocana del puerto de Dénia, saltan en el cielo los fuegos artificiales, por la fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de los navegantes. Es un buen augurio para nuestra pequeña aventura.

Fuegos artificiales en honor a nuestra partida rumbo a las Pitiusas

Durante todo el viaje sopla el Levante, y con una cierta intensidad, de más de 10 nudos. Por tanto, como el rumbo Dénia – Ibiza es entre 90 y 100 grados, nos entra exactamente de proa y nos fuerza a ir a motor toda la travesía. Por supuesto con la mayor izada para dar estabilidad.

Para pasar noche, calculando que tardaremos unas 10 horas para recorrer 55 millas náuticas, decidimos hacer 4 turnos de 2,5 horas. Como Sergio también es patrón, nos repartimos la noche en dos tramos, siendo ambos los patrones de “guardia”. Designamos a 4 tripulantes adicionales que son responsables de vigilar el horizonte y despertar al patrón si ven alguna luz cercana en cada turno. Llevamos el radar que da también mucha tranquilidad en la navegación nocturna.

2º día. Lunes, 16 Julio. Arribada a Ibiza. Puerto Roig y Ses Salines

Durante gran parte del viaje navegamos rumbo al amanecer.

Finalmente la travesía dura algo más de 10 horas, de hecho dura 11, por lo que la última hora se ha quedado sin su guardia, pero como ya es de día la gente ya está despierta y no tiene mayor importancia. Durante bastantes horas ha soplado Este, sobre todo al final del trayecto y se ha formado mucha ola, probablemente de más de un metro. El barco navega con bastantes pantocazos y se vé bastante frenado. Para reducir un poco los golpes y de paso evitar el flameo de la mayor con el rumbo exacto de barlovento, damos bordadas con 10-20 grados al viento y la ola, procurando no desviar mucho el rumbo. La recompensa es la bienvenida que nos brinda la isla de Ibiza con su espectacular paisaje del islote Es Vedrá.

Lado Sur de Es Vedrá y Es Vedranell

A las 11:30 horas llegamos a nuestro primer destino, Port Roig, una cala cerrada al sur de Ibiza, muy protegida del Levante y dónde el plan en origen era descansar hasta la media tarde.

 

Arribada a Port Roig (sur de Ibiza)

A pesar de haber dormido poco, la tripu está ansiosa por explorar la cala de Port Roig y nada más echar el ancla, ya estamos bajando el agua la lanchita, con la fueraborda y por supuesto los remos. Para nuestra desgracia descubrimos que los remos son tan cortos, que aunque se pueden enganchar bien en la dingui, no sirven para remar en condiciones buenas una sola persona. Por fortuna, el motor fueraborda funciona a las mil maravillas y aunque le cuesta arrancar a ratos, no va a fallar nada en todo el viaje, salvo porque nos quedemos sin gasolina en varias ocasiones, de tanto usarlo..

Una primera expedición del Nannai, zarpa en la lanchita de inspección, guitarra en mano (!!) rumbo a explorar nuestra primera cala, en busca de la  fauna ibicenca. El resto de la tripu nos quedamos bañando y calentado en el horno de gas los pollos pre-cocinados del Mercadona.

Los exploradores de Port Roig

Mi idea preconcebida de echar siesta después de la comida se ve truncada por los deseos de la tripu de dirigir el barco lo antes posible hacia la famosa y aledaña playa de Ses Salines, nuestro próximo hito en el mapa, y dónde hemos reservado una boya para la noche. Por lo visto la fauna de Port Roig no cumple las expectativas de fiesta-ambiente-ibicenco esperado por los navegantes del Nannai…

Ses Salines es una bonita playa en la punta sur de la isla, cercana a los Freus, y desde el año pasado (2011) está prohibido el fondeo de embarcaciones para la protección de la Posidonia del Mediterráneo. (La reserva de las boyas es gratuita y se hace AQUÍ. Se puede reservar hasta dos días antes y hay que llevar a bordo un papel impreso que sirve de justificante.)

   

Amarrados a una boya en Ses Salines y la fauna ibicenca de su playa

Este lugar cumple, con creces, nuestras expectativas de fiesta. Tras localizar con cierta dificultad nuestra numerada boya, desembarcamos, algunos a nado, otros en la lanchita, en la conocida playa, que tiene tres chiringuitos chulos con música chill-out (entre ellos el famoso Sa Trinxa). La playa está repleta de la gente “guapa” de Ibiza. Pasamos el resto del día en la playa tomando algún mojito y disfrutando del ambiente, que se acaba al atardecer. La gente se mueve hacia otros rincones supongo y nosotros nos vamos al barco, a cenar y a dormir. El mar está como un plato y esta noche toca recuperar el sueño.

3º día – Martes, 17 Julio. Formentera

El plan de hoy es dar el salto a Formentera, bañarnos en sus aguas turquesas y disfrutar del ambiente de la puesta de sol enfrente del Big Sur, al sur de la playa de Illetas. Todos los años intento, al menos un día, acudir a este mágico sitio.

Tenemos boya reservada en Espalmador para la noche, aunque tengo serias dudas de que vayamos a dormir ahí  puesto que este fondeadero está a un par de millas al norte de la playa del Big Sur. Durante el desayuno, Carlos nos comunica que un par de amigas suyas de Barna se quieren apuntar a la excursión de Formentera. Compruebo en los papeles del barco que nuestro barco está despachado para nueve tripulantes…, pero bueno, solamente es para cruzar al otro lado y son sólo unas 10 millas. Tras recoger a las amigas de Barna en la playa de Ses Salines zarpamos rumbo a Formentera, hay poco viento pero izamos las velas y a ratos vamos a motor más velas.

Me han hablado muy bien de Cala Sahona así que hasta ahí nos vamos. Está al sur del puerto de las Sabinas, pasada la Punta Gabina. El fondeadero de la Cala Sahona está lleno de barcos, muchos yates de lujo y muchos veleros también, así que fondeamos un poco lejos de la playa. Las aguas son cristalinas y turquesas, espectaculares. Es un sitio que merece la pena visitar.

   

Yates en las aguas turquesas de Cala Sahona (suroeste de Formentera) y la playa repleta de turistas de cala Sahona

Por cierto que el espectacular color de las aguas del Mediterráneo hay que agradecerlo a la presencia de la Posidonia, planta marina que enriquece el entorno mediante una alta aportación de oxígeno (durante la fotosíntesis).  Somos especialmente precavidos a la hora de soltar el ancla, procurando que caiga siempre en un claro de arena, y perjudicando de este modo lo menos posible a nuestra querida planta.

Algunos tripulantes deciden bajar a la playa en dingui, a otros se nos antoja ir a nado, a pesar de la distancia. La natación resulta ser algo arriesgada, porque a pesar de ir con gafitas (fundamental), a Laura, una de nuestras visitantes de día, le pica una medusa en el brazo. No es una gran picadura pero sí un buen susto, y seguro que duele.. Nada más llegar a la playa nos vamos a ver al  socorrista, que a su vez nos dirige al chiringuito donde están aplicando a todos los bañistas una servilleta impregnada en vinagre. El vinagre por lo visto es un buen remedio natural contra las picaduras, lo mismo que la orina, que contiene amoniaco. Las aguas de Formentera, al ser tan cálidas, tienen bastantes medusas en verano, por eso es importante nadar con gafas y estar atentos, para intentar esquivarlas.

De vuelta en el barco, le doy a Laura el Afterbite del botiquín, – nuevamente yo creo que esto es amoniaco diluido, pero que se vende a precio de oro –  Al rato la picadura casi ha desaparecido.

Las chicas del barco tienen antojo de  tomar una paella y bajar un poco a tierra. Tenemos dos opciones, playa Migjorn, al sur de la isla, famosa por sus arroces, o un chiringuito restaurante en la zona de Illetas, que nos pilla bastante mejor para nuestros posteriores planes. Nos decantamos por la segunda opción y ponemos la proa rumbo a un viejo molino que parece un restaurante. Decidimos fondear justo enfrente del Tiburón, a la altura del acceso a la playa, ya que después de la comida iremos allí a pasar la tarde.

Playa del Tiburón (oeste de Formentera, al norte del Pto de las Sabinas)

El viejo molino resulta ser el lujoso restaurante “Es Moli”. Para bajar a toda la tripu son necesarios tres viajes con el “chiquitín”.  Hay un pequeño muelle a la puerta del restaurante que facilita el desembarco. El sitio es precioso y tiene unas vistas espectaculares; la paella muy rica. Cómo no, la cuenta asciende a los 50 euros por cabeza … Parece que algo más arriba, en la playa de Illetes había otros sitios más asequibles, pero como no lo conocemos bien hemos pagado el “pato”, arribando al restaurante más carete de la zona.

Tras la comilona, nos dirigimos a la playa que está al sur del molino. En esta playa es donde se encuentras los chiringuitos del Tiburón y el BigSur (playa del Cabali Borras – Caball d´en Borrás); por cierto yo siempre he llamado a esta playa, erróneamente, Illetas. Pero resulta que Illetas es en realidad la siguiente playa más al norte, entre el molino y la isla de Espalmador. En fin, nombres aparte, nuestro objetivo es tomarnos los mojitos al atardecer en el BigSur y contemplar la puesto de sol inigualable de este lugar.

Puesta de Sol desde la playa del BigSur (Formentera)

Nuestro plan posterior era navegar, con la poca luz del ocaso tras la puesta de sol, de vuelta a las Salinas, ya que tenemos que devolver a su playa a nuestras amigas visitantes. Si hubiese boya libre en Salinas ya nos quedaríamos a pasar noche allí y si no, volveríamos a Illetas o similar.  El paso de Formentera a Salinas, por la cara oeste de las islas está libre de obstáculos y considero bastante seguro para cruzar de noche.

No obstante, tras la maravillosa puesta de sol en el BigSur, al  volver todos a bordo y disponernos a levar anclas, resulta que el molinete para levar ancla no responde. Cuando le damos a los botones del mando “up” o “down” el motor no hace ni siquiera el “clac” típico, y tiene por tanto toda la pinta de ser un fallo eléctrico. Realizo las comprobaciones de rigor, pruebo dar voltaje al molinete dando avante desembragado, y compruebo la posición del magneto-térmico (windlass), en varias posiciones. También “reseteo” la energía del barco desconectando momentáneamente las baterías. Incluso desconecto el mando del molinete y pruebo hacer un puente, con un clip, entre los bornes de la conexión de mando, por si fuese un problema del mando. En cualquier caso y como no me fío de haber hecho bien lo del puente también abrimos el mando para ver si tiene algún cable suelto. El mando está en perfecto estado. Me planteo izar el ancla a mano pero es una tarea bastante costosa, y no tengo muy claro como funciona el mecanismo manual de izar y sobre todo el de largar posteriormente, que me preocupa más siendo de noche. Por si esto fuese poco, la luz de navegación de babor (roja en proa) no se enciende por alguna causa.

La situación claramente nos fuerza a pasar noche fondeados en la playa de Formentera, donde estamos perfectamente seguros, así que comunico a nuestras visitantes que esta noche la tendrán que permanecer de invitadas en nuestra modesta embarcación. Informo a Kiko por teléfono de nuestra situación y acordamos que a la mañana siguiente me llamará un mecánico para intentar resolver telefónicamente el problema del ancla.

Como no hay espacio para dormir todos dentro, un par de voluntarios tendrán que dormir fuera con el saco. En cualquier caso, hace una noche estupenda y el único pero es que nos hemos quedado sin hielos para las copillas nocturnas.

4º Día – Miércoles, 18 Julio – Espalmador e Ibiza

Nada más desayunar, mientras esperamos la llamada del mecánico, me pongo manos a la obra a ver como se puede subir el ancla a manubrio. Es más fácil de lo que pensaba: hay que quitar un freno, girando una pestañita, y  abrir la rueda que embraga el molinete con el barbotén, girando la muesca central con la maneta.

Ejemplo de molinete

De este modo el barbotén puede girar libremente. Por si acaso, ato previamente la cadena con un nudo de boza (y a una cornamusa), para evitar que la misma se vaya al agua al soltar el embrague. De todos modos la cadena no cae al abrir la rueda, seguramente porque haya que soltar algún otro freno y/o darle una patada para que empiece a caer libre.

Para izar, no es necesario sacar la cadena del barbotén. Con la maneta del molinete en la muesca lateral se puede dar vueltas al barbotén (desembragado) en el sentido de subir. Pero esta palanca no tiene fuerza suficiente para mover el peso de los 20 metros de cadena que hay en el agua más el ancla. El mecanismo consiste pues en que un marinero fuerte en proa, con guantes y un poco de fuerza bruta, suba unos centrímetros de cadena, mientras otro va recogiendo dando vueltas con la maneta en la muesca lateral. Con cuidado de que no se salga la cadena del barbotén. Con paciencia y alternando varios marineros “fuertes” finalmente conseguimos subir cadena y ancla.

Por fin podemos zarpar rumbo a las Salinas. He acordado con el mecánico, Jose, en intentar resolver el problema del molinete cuando estemos tranquilamente amarrados en una boya en Ses Salines.

El plan para esta noche es atracar en el puerto de Ibiza y como aún no tenemos un amarre reservado en dicho puerto me dedico, durante el breve paso de islas, a llamar a todos los números de las marinas y clubes que aparecen en las fotocopias de mi libro Imray de las Islas Baleares. Por fin, conseguimos comunicar con el Club Naútico de Ibiza, que por fortuna tiene amarres disponibles, eso si, al módico precio de 156 euros / noche.

Al tomar la boya en Salinas, llamo a José.  Es el mecánico de la empresa de charter, y resulta que nos conocemos personalmente de un cursito que nos impartió de mecánica de barcos el pasado mes de Febrero en Dénia. El tío, claro, sabe latín, y en cuanto le explico los síntomas y las pruebas previas que ya he realizado me dirige directamente al problema, que parece ser recurrente en este modelo de barco.

Me dice que compruebe la conexión de un relé conectado al alternador, de donde sale la electricidad dirigida al molinete. Este relé se encuentra justo detrás del alternador y se puede observar desde el hueco del motor de la cabina de babor de popa. Al quitar la tapa del hueco del motor veo el relé, un cajita negra detrás del alternador, de la cual salen varios cables finos, dos de ellos sueltos y pelados. ¡ qué mala pinta..! Mando unas fotos con el móvil a Jose y él me devuelve otra foto desde un barco idéntico en puerto con la conexión como debe ser.

   

Cables de 12V “sueltos” detrás del alternador y como tendrían que estar

Gracias al intercambio de fotos el arreglo necesario está clarísimo. Aunque el empalme que efectúo sobre el conector “faston”, con la  poca holgura en los cables, resulta una pequeña gran chapuza. No obstante … funciona!!! Milagrosamente el molinete vuelve a funcionar. A ver cuánto nos dura la chapu…Durante la operación de reparación, los marineros han llevado a nuestras bellas invitadas a tierra, sanas y salvas, o casi, y zarpamos rumbo a visitar la famosa isla de Espalmador, al norte de Formentera. Es decir, otra vez, proa al sur. Ya casi me conozco este paso de memoria…

En Espalmador también está protegida nuestra hermosa planta mediterránea mediante boyas, y no como no tenemos reserva nos agarramos a la última que queda libre, con la esperanza que no aparezca su legítimo dueño. Una expedición baja al magnífico islote de arena, con ánimo de visitar los lodos del centro de la isla.

Como hemos quedado para comer con otras amigas, y están en la vecina playa de Illetes, a aproximadamente  una milla de nada, Sergio y yo vamos con en el barco a buscarlas. Con la dingui nos parece demasiada distancia y es peligroso vadear el paso entre Espalmador e Illetas. En una media hora estamos de vuelta en la boya de Espalmador. Los excursionistas en tierra vuelven a bordo y nos informan que no han podido llegar a los lodos, pues han olvidado llevar las chanclas, y el suelo quema bastante. Mientras unos se bañan, otros preparan la comida. Después de comer retornamos a nuestra última visita a la playa de Illetas y ponemos rumbo al puerto de Ibiza. Calculo que el paso por los Freus desde Formentera a Ibiza son algo menos de dos horas. Llegamos al puerto de Ibiza sobre las ocho de la tarde.

   

Paso por los Freus (vista desde Dalt Vila en Ibiza) y arribada al Puerto de Ibiza

El atraque en el muelle exterior del Club Náutico de Ibiza es fácil por la cantidad de espacio de maniobra que tiene, y lo único es que el marinero nos asigna un hueco que no tiene barco a sotavento. Hay bastante viento lateral. La maniobra sale perfecta porque me aproximo bastante al barco de barlovento y nada más asegurar la amarra de barlovento en la popa, doy máquina avante para evitar que la proa se abra. De esta manera, el resto de marineros pueden fijar el muerto de proa tranquilamente.

Mientras repostamos nuestros vacíos depósitos de agua, la tripulación se ducha y se acicala para la esperada y larga noche ibicenca…

5º día – Jueves, 19 Julio – Cala Llonga y de nuevo puerto de Ibiza

A pesar de la larga juerga nocturna, sobre las 10 am la tripu ya está despierta … , que en este pueblo hace mucho calor. Durante el desayuno en la cafetería del Club decidimos por mayoría repetir noche en el puerto de Ibiza. La noche en la capi nos ha gustado y por otro lado la gente se ha quedado con ganas de hacer más compritas y visitar el castillo del Dalt Vila.

En plan originalmente trazado era pasar esta última noche a la cara oeste la isla, cerca de San Antonio, para desde allí dar un salto de mínima distancia a la península, en la madrugada del día siguiente. Pero como hemos cambiado los planes, decidimos irnos a comer y descansar un poco a una cala que esté en el sentido contrario, hacia el nor-este. Elegimos la Cala Llonga, que tiene buena pinta y está tan sólo a 5 millas del puerto de Ibiza, ya cerca de Santa Eulalia.

Pasado mediodía llegamos a la cala, que es preciosa. Como la mayoría de las calas de la zona norte está repleta de pinos (de ahí el nombre de Pitiusas – islas poblada de Pinos en griego). Está muy resguardada, dentro de un entrante de tierra natural. Tiene una playa fantástica con varios hoteles y se ve que es un sitio de veraneo guiri muy bonito.

Acantilados y pinos de Cala Llonga

El único pero es que el sitio es un poco estrecho para los barcos y nos obliga a echar el ancla un poco lejos de la playa, donde tenemos casi 10 metros de profundidad. Al ir a tirar cadena, vemos que el molinete nuevamente no funciona. Compruebo en el acto que los cables del relé empalmados el día anterior se han vuelto a soltar, como por otro lado era de esperar tras tremenda chapuza… Hacemos un amago de soltar cadena a mano, de hecho soltamos unos metros, pero justamente vemos una boya privada libre en el centro de la cala, y por no liarnos más con la cadena, decidimos tomarla prestada por unas horas.

Tras la natación de turno, la visita a la playa y la comida de rigor, zarpamos de nuevo rumbo al puerto de Ibiza. Una vez más se aplaza la siesta, porque sino se nos vuelve a echar la tarde encima y no dará tiempo a las compritas y la visita al Dalt  Vila.

   

De vuelta en el Puerto de Ibiza (vistas del castillo de Dalt Vila) y vistas del Puerto de Ibiza desde la parte alta

Antes de realizar el atraque de nuevo en el Club Náutico, pasamos por la gasolinera de la Marina Botafoch. Seguramente nos hubiese dado el depósito para llegar a Dénia a motor, pero es mejor no jugársela. Como hemos llegado pronto al puerto, esta vez sí que da tiempo para visitar la ciudad de día. La segunda noche de marcha en la capital ibicenca se nos dá igual de bien que la primera, solamente que a las 6:00 am hemos acordado levar anclas.

6º día: Viernes, 20 Julio – Travesía de regreso a Dénia

A las 5:45 h. sube a bordo el último tripulante del Nannai y a las 5:50 ya estamos saliendo del amarre, aún de noche, pero ya a puntito de amanecer. No hay apenas viento así que vamos a motor. Durante el paso de los Freus solamente quedamos en cubierta Javi y yo. Yo pendiente de tripular el barco por el Freu grande, un poco al sur de Ahorcados, y Javi haciendo fotos de la espectacular salida del sol, por el horizonte a nuestra popa.

Rumbo a la península, cruzando los Freus con el amanecer en la popa

Pasado Es Vedrá, muerto de sueño, despierto a uno de los tripulantes que la noche anterior se había acostado antes y me voy a dormir un rato. A mediodía, coincidiendo con el pronóstico de la meteo, ha subido el viento hasta unos 10 nudos y además sopla Sur, es decir nos pilla muy bien para un través. Nos disponemos pues a subir la mayor. Por no perder rumbo al aproarnos, y sin reducir la velocidad del barco, probamos una maniobra propia de las regatas. Para izar la mayor, en marcha y con viento de través abrimos la botavara inicialmente empujándola a mano, hasta ponerla casi proa al viento. De este modo podemos izar la vela sin la necesidad de aproar el barco.

Sacamos el génova y como vamos un poco justos de tiempo, inicialmente continuamos la marcha con motor y velas, llegando a los 7 nudos. Pero el viento sigue subiendo y comprobamos que al poner punto muerto, las velas nos da una velocidad de algo más de 6 nudos. Así que quitamos motor y emprendemos la segunda mitad de viaje a vela. Sigue refrescando, ya vamos por los 16 nudos, y nuestro veloz barco marca en el GPS la velocidad de 8 nudos! Vamos bastante escorados pero cómodos. Ya casi llegando a Dénia, el viento está estable en 18 nudos, con rachitas de 20-22 nudos. Desde hace un rato me he planteado poner un rizo, o al menos enrollar un poco de génova, porque con 18 nudos vamos sobradísimos de vela, y el gobierno empieza a ser complicado.

Tendría desde luego que haber puesto el rizo hace un rato pero ya prácticamente estamos llegando y en su lugar encendemos motor y recogemos las velas. Aunque aproamos un poco el barco, con la fuerza del viento cuesta horrores enrollar el génova. El truco es irse a proa y tirar del enrollador casi desde el tambor. Gracias a esto logramos enrollar el génova justo cuando desde el amenazador cabo de San Antonio nos llegan ya rachas de más de 25 nudos. Sanos y salvos, y en muy buen tiempo, arribamos por fin a la Marina de Dénia. Hemos recorrido tan sólo unas 20 millas a motor desde la última vez que repostamos pero aún así volvemos a la gasolinera de Dénia donde echamos, efectivamente, sólo unos pocos litros de gasoil.

Sobre las 4 pm atracamos finalmente en nuestro pantalán. Kiko nos informa que tenemos que abandonar el barco lo antes posible pues hay otros clientes esperando para llevarse el barco esa misma noche, así que nos toca recoger y empaquetar todo rápidamente. En cualquier caso, la tripulación de Barna tiene prisa por pillar carretera para no llegar a sus casas a las mil. La gente está agotada de la travesía, y deseando volver a la vida de secano, yo sin embargo me volvía a Ibiza y me quedaba en mi barquito un mes más..

Para despedirnos, nos tomamos una coca-cola en un bar de la Marina. Han sido 6 días muy intensos y divertidos. Algunos vuelven al curro, mientras otros continuamos nuestro periodo vacacional, pero ya como paisanos de tierra firme…

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