Una Travesía Accidentada

FICHA DE LA BITÁCORA

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Cuaderno de bitácora

UNA TRAVESÍA ACCIDENTADA   By Gota

Vivo a bordo con mi marido y nuestros dos perros desde hace bastantes años, y salimos a navegar siempre que podemos, pero la experiencia nunca es suficiente y cada año nos ocurren contratiempos que no nos habían sucedido anteriormente y que nos pillan en pelotas.


 

Nuestro barco es grande y seguro, una goleta de acero de 19 ms. y de 42 toneladas. Sus reacciones son lentas pero su manejo no requiere esfuerzo gracias a la maniobra hidráulica (aunque gasta mucha batería) y sus dos viejos y enormes perkings que permiten hacer ciaboga. No llevamos hélice de proa.

Nuestro lema es: "Si no hay viento flotamos" y el gasoil que gastamos es prácticamente sólo el del generador, un dinosaurio de 28 años que va a 700 rpm tu-tu-tu-tu, que ya tiene sus achaques, pero que mi Juan no lo cambiaría por ninguno moderno –ya no se hacen motores como éste– hasta que muera del todo y no quede más remedio.

Hemos estado 8 meses (de enero a agosto ambos incluidos) reparando el barco, que quedó muy, muy tocado en un temporal brutal en nuestro puerto base la pasada navidad. Aunque no sufrió ningún daño estructural, después de meses en varadero para desarbolar, pintar, cambiar el cintón de la regala etc… al echarlo al agua no funcionaba ni una sola bomba de las 14 que llevamos, ni las baterías, ni los alternadores, ni los motores de arranque, ni el generador, ni la electrónica, ni el AA… etc. etc. etc., por lo que todo tuvo que ser reparado o cambiado por nuevo.

El 28 de agosto se dio por finalizado el obrón, y nos dispusimos a salir a navegar una semana como crucero de pruebas, no sin antes pegarnos una paliza mis amigas y yo a limpiar todo a fondo, que estaba hecho un asco, hasta la ropa con moho, y lo dejamos todo como los chorros del oro.

La tripulación la componíamos:

Mi Juan, mañico de 65 años, viejo lobo de mar, gran bebedor y fumador, muy divertido pero con un carácter digamos que difícil, que no consiente que en una maniobra mandada por él nadie le lleve la contraria por motivos de seguridad y disciplina: "Tú no razones, limítate a obedecer"


 

Una servidora, amante del mar en buenas condiciones, pero con varios temporales y sobresaltos a mis espaldas que me hacen de sufrí y de pená, grr

 

Miguel: Mañico y recién estrenado armador de un precioso 44 pies, encantador sujeto de 45 años, siempre de buen humor y haciendo bromas, fuerte, flaquísimo y muy ágil

l

Mónica: novia de Miguel, nunca había hecho una travesía de más de un día, risueña, sencilla, entrañable, colaboradora y de muy fácil trato. Siempre partida de risa con las gansadas de su chico, jamás nadie la ha visto enfadada 

Edita: amiga de hace años divorciada y libre como el viento, con ganas de marcha, divina de la muerte, glamurosa al máximo. Teníamos previsto para ella a un amigo de Miguel, cofrade de esta taberna, pero un trabajo de última hora le impidió venir y nuestra Edita se quedó compuesta, jajaja

 

Chufo: El perro grande, labrador, gran nadador y gran navegante, bonachón pero muy pesado, siempre está en medio y te tropiezas con él todo el rato, aunque nos ha sacado de algún apuro y ha protagonizado anécdotas de antología.

López: Perrillo pequeñajo mil leches, muy faldero y cariñoso que pasa mucho miedo cuando hay mala mar, es listísimo y presiente el peligro, pero que no da ninguna lata porque no dice ni mu, sólo tiembla como un vibrador

 

 

La víspera nos reunimos todos para decidir la derrota, y como en la Costa Brava el parte anunciaba temporal nos decidimos por las islas. Yo voté por Mallorca, puesto que cabo Formentor es el punto más cercano a Barcelona, pero mi Juan insistía en ir a Ibiza porque el viento anunciado nos era muy favorable para ir de ceñida, que es como mejor navega nuestro barco, y porque el estado de la mar era bueno: marejadilla. En Mallorca y Menorca había peor previsión meteo por una depresión venida de no sé dónde.
A mi me parecía que Ibiza era demasiado lejos para un crucero de pruebas, pues si teníamos cualquier avería nos podía pillar cansados y con sueño, ya que habíamos calculado unas 40-48 horas para llegar a vela. Sin embargo mi Juan me señaló una chapa que preside la cámara y que reza así: "The Captain word is law", y no hubo más que hablar.

Nos repartimos las tareas para poner el barco a son de mar: las chicas a la compra, los chicos a trincar todo, arranchar, preparar amarras, adujar cabos y manguera, comprobar el mando del molinete del ancla, el GPS, la radio, el radar, etc…, apercibir carta, transportador y compás, arneses, chalecos salvavidas, poner pilas a las linternas, quitar fundas de winches y bimini, poner el pabellón y el gallardete de LTP jejeje…etc.

Mientras, nos fuimos las tres marías a comprar gasolina y aceite para la zodiac, tabaco en cantidades ingentes y por fin al súper. Aparte de la comida (cosas que no haya que cocinar y que no se estropeen enseguida) las chicas cogieron zumo de naranja, 50 coca-colas, 4 botellas de ron añejo, ginebra, vodka, whisky, vino, cava y más de 200 latas de cerveza!!!

-Pero ¿Cómo habéis hecho este cálculo? Esto no es un bar!!
-Hazme caso, que los chicos beben mucho, y si sobra no pasa nada…
-Madre mía, que panda borrachos, ay ay ay

A los chicos les pareció muy bien la compra y una nevera tamaño ataúd que llevamos en cubierta la llenaron exclusivamente de cervezas!! Con todo ya estibado salimos hacia la gasolinera para llenar el tanque. Miento, Edita y yo fuimos a comprar unos zapatos deportivos para ella, que no llevaba en su súper maleta de Louis Vuitton, pues solo había cogido sandalias glamurosas de Cristo y dios y Hermés que viene, jajajaja. Cuando llegamos al muelle de la gasolinera el depósito ya estaba lleno, pero oh! primer disgusto, el motor de babor no arrancaba, y estaban esperando a los mecánicos que venían desde Arenys.

Los mecánicos encontraron agua en el motor, ya que durante la estancia en varadero alguien dejó sin tapar un agujero que daba al depósito y entro toda la lluvia del mundo, y aunque nos habían reciclado el líquido elemento con una máquina hacia 15 días, parece que no lo debieron de hacer del todo bien. Estuvieron decantando, purgando o como se llame eso hasta que arrancó el motor y a las 3,30 de la madrugada salíamos por fin rumbo a Ibiza con muchas ganas de juerga y unas cuantas cervezas en el body.

Travesía de ida:

Nada más salir de puerto sacamos las velas, y siguiendo la recomendación de los mecánicos, dejamos los motores encendidos y en punto muerto para que fuera circulando el gasoil y poder ir sangrando el agua en los decantadores, cosa que se debía comprobar cada hora.

Pusimos rumbo a Binirrás con 15 nudos de viento aparente a un desacuartelar, 40º por la amura de babor. El piloto automático nos permitía relajarnos y cantar habaneras y jotas a la Virgen del Pilar cubata o whisky en mano, mientras el barco avanzaba a 4,5 nudos con todo el trapo fuera (génova, trinqueta, carbonera y mayor) sobre una mar bastante tranquila.

 A las seis de la mañana seguíamos todos en pie como búhos, escuchando como Edita nos pedía hacer vida de puerto en Ibiza para poder ligar con algún tío interesting, pero los amarres en temporada alta son un robo y le dijimos que nanai.

En esto llegó el segundo contratiempo interrumpiendo la animada charla: el GPS principal se quedó sin señal por primera vez en su vida sin motivo aparente. (Luego hemos sabido que era un fallo del cargador de baterías después de tanto tiempo en varadero; se corta la carga cuando las baterías están a 22V; cuando la alimentación de la antena del GPS baja de 24 voltios se desconecta)

Sin embargo Juan nos tranquilizó:

Menos mal que llevamos un viejo Garmin de respeto que lleva 30 años conmigo sin fallarme.
Pero… oh!! Qué mala suerrrteee!!!!! Justo en ese momento va y se le agota la pila de la memoria, por lo que se quedó errático.

No os preocupéis -anunció Miguel- que yo he traído mi súper Garmin archisuperferolítico de última generación: vamos a ponerlo en la bitácora.

Al instalarlo se dio cuenta de que no había traído el cable para toma directa de corriente, ni el cargador de batería, por lo que la poca pila que le quedaba tenía que durar toda la semana, asin que… lo apagamos después de tomar la primera posición para marcarla en la carta y tomar la marcación a cabo Salou y al faro de Montjuich.

Bueno, no pasa nada, Juan Sebastián Elcano dio la vuelta al mundo sin GPS, y nosotros hemos ido a Ibiza tantas veces que el barco se sabe el camino de memoria. Así que no nos preocupamos más del asunto y seguimos charlando y haciendo planes.

Intentábamos convencer a Edita de que en Binirrás habría tripulantes de barcos vecinos interesantes, a los que podría avistar con los prismáticos… cuando vino el tercer contratiempo: el motor de babor se paró.

Miguel y Juan bajaron a la cámara de motores, aflojaron los inyectores, los registros de la bomba de inyección, comprobaron los decantadores y no salía agua, pero el gasoil no llegaba a los inyectores y el motor no arrancaba ni de broma, así que se tomó la decisión de hacer la travesía prescindiendo del motor de babor, a pesar de que sin arrancada es imposible maniobrar, ya que sólo con un motor no va en línea recta, ni dando avante ni dando retro.

Al amanecer nos encontrábamos en Punta Moscarté, Edita se había quedado dormida y la despertamos porque había tres delfines jugando en la proa y pasando de una banda a otra dando saltos. Era precioso verlos nadar tan cerca y le hice unas cuantas fotos, estábamos todos emocionados. El mar estaba tan tranquilo que me entraron unas ganas inmensas de bañarme, así que acuartelamos velas y me zambullí, no sin antes tirar una defensa y un cabo por popa del que mi Juan no me dejó soltarme.

 

 

Primer día fondeados:

Después de 38 horas de agradable navegación, con un viento real establecido de 10 nudos siempre del este y sin olas, llegamos a Binirrás el dos de septiembre a medio día, con la agradable sorpresa de que estaba casi vacía -sólo tres o cuatro barcos- para disgusto de Edita que se quedaba apenas sin víctimas para echarles el lazo.

Fondeamos muy fuera, al lado de la roca que se parece a la reina Victoria de Inglaterra. Yo quería ir más adentro, pero mi Juan dijo que había que quedarse lo más fuera posible para salir sin maniobra en caso de que llegaran más barcos. Con 20 mts. de fondo de arena echamos 75 metros de cadena y el barco quedó bien agarrado.

Lo primero que hicieron Juan y Miguel fue ir a tierra a llevar la basura y a los perros en la zodiac, ya que los pobres debían de tener un apretón tremendo después de tantas horas sin pasear. Mientras, nosotras preparamos un aperitivo-comida-procesión-merienda-baile con el que les agasajamos a la vuelta. Cuando volvieron nos contaron que todo el mundo en la playa los miraba cuando iban por ahí con los dos perros negros que no paraban de hacer caca (convenientemente recogida por ellos); creyeron que los miraban por eso… Nos quedamos observándolos y comprendimos el verdadero motivo: después de 40 horas sin dormir, sin ducharse, sin peinarse (los dos llevan bastante melena y mi Juan barba larga), sin nada más que beber y beber, sucios de la cámara de motores, cansados, tenían una pinta de náufragos que no podían con ella jajajaja

El primer baño en la cala fue delicioso, las chicas nos tiramos las primeras y Chufo se quedó en la plataforma mirándonos. Entonces le cantamos aquello de: "Sálvame soy un náufrago, sálvame ven nadando a miiiii" (éste se convertiría más tarde en nuestro himno). Y él se tiró al agua.

Les expliqué a Mónica y a Edita que si se agarraban a su arnés él las remolcaría y así lo hicieron, ésta última sobre todo para llamar la atención de algún posible tío bueno que estuviera observando. Como nadie daba señales de vida gritamos las tres al unísono y a todo pulmón:
"Hombres de Ibizaaaa, estamos aquiiin!!!!"
El eco de la montaña repitió nuestro grito varias veces, pero ninguno se dio por aludido.

Entre baños, risas, cervezas y cubatas llegó la noche, y cenamos tranquilamente en cubierta con buena música, para irnos a dormir temprano y del tirón, que buena falta nos hacía. Había que seguir el viejo dicho marinero "Duerme ahora que puedes, que no sabes cuándo podrás dormir"

De Binirrás a Illetas:

Después de muuuchas horas de un sueño profundo y reparador, fuimos apareciendo en cubierta para el desayuno: las chicas café con leche, zumo y madalenas, Miguel y Juan directamente se tiraron a la cerveza, pa qué se iban a andar con tonterías…

Con la excusa de ahorrar agua (a pesar de que llevamos 2000 litros) ahí nadie se duchaba, estábamos todos hechos unos guarros jajaja, salvo Edita que se hacía la toilette con la manguera de proa con sus múltiples cremas y mascarillas tanto en la facial como en el pelo, y aluego hacía su aparición estelar con un modelito espectacular adecuado a cada momento.

Nos contó que su padre era un marino de guerra muy estricto, y que con cinco años navegó con él por primera vez en un velero:

Niña Edita –Papá, papá, creo que me mareo…
Su padre –La hija de un marino tiene prohibido marearse

Desde entonces, nunca más se volvió a marear, y sabía perfectamente que en las maniobras tenía que estar sentadita en un rincón y callada para no estorbar. Por eso, como raja por un tubo, cuando estábamos fondeados aprovechaba para explayarse a tope.

Después de un rato de charla, las chicas nos fuimos a pasear a los perros y tirar la basura (básicamente latas de cerveza) con la zodiac. En Binirrás hay una playa con chiringuito-restaurante y detrás montañas llenas de hippies acampados o en caravanas, que por las noches van a la playa y dan un concierto de percusión que si cierras los ojos parece que te halles en una fiesta masai. Edita buscaba durante nuestro paseo a gente interesante para entablar amistad, pero su decepción fue grande cuando vio que no había más que hippies guarripeix medio desnudos y cero glamour.

A la vuelta con la zodiac la gente de los barcos nos suele mirar, porque los perros -siempre subidos al flotador para asomarse- llaman mucho la atención. Edita pensaba que eran admiradores que la observaban y encantada de la vida saludaba con la mano igual, igual que Doña Letizia.

Ya a bordo nos bañamos y tomamos el sol y el aperitivo, mientras decidíamos qué hacer. Juan nos propuso ir a Illetas pues es un fondeo de arena y sin bajos, muy sencillo en caso de llegar de noche. Al informar a Edita de que ahí siempre había mega yates de millonarios muy internacionales, la idea de Illetas fue acogida por su parte con gran entusiasmo. La decisión estaba tomada y levantamos el hierro sin ningún contratiempo.

Aprovechamos la travesía para que Miguel se familiarizara con la maniobra, hicimos un montón de bordos que se abortaron al perder arrancada por infinidad de motivos que nos costaron varias broncas con el capitán:

Cualquiera –Uy, uy, la escota se ha trabado en algún sitio: un momento
Capitán –Me duele la boca de repetir que quiero la maniobra libre!!!
Cualquiera- Ya está libre ¿Qué hacemos ahora? ¿Sacamos el génova ya por la otra banda?
Capitán- Bordo abortadoooo!!! Quiero una maniobra perfecta y no estas chapuzas!!!!

Y en ese plan. Menos mal que entre bronca y bronca Miguel hacía el payaso y a todos nos entraba la risa floja, relajando el ambiente.

La tensión se acabó definitivamente al atardecer, cuando pasamos por Es Vedrá, la luz era preciosa y un manto dorado se posaba sobre las rocas y el horizonte. El espectáculo era impresionante. Los que no lo habían visto nunca quedaron impactados, pero no pude hacer afotos porque mese acabó la batería de la cámara y no me había llevado el cargador, grrrrr.

Con tanto bordo y tanta leche llegamos a Illetas a las dos de la madrugá. Poco antes de entrar en el fondeo enrollamos las velas y al ir a quitar la mayor, por algún despiste de no sé quién que hizo algo mal que no me enteré, se partió la maneta del stoper del pajarín al forzarlo demasiado. Hubo un momento de tensión porque los chicos iban a cortarlo a las bravas con la multiusos para destrabarlo y aluego poner otra escota que tenemos de respeto.

Nooooo!!! Por favor, no cortéis el pajarín -gritamos Mónica y yo- que se nos cae la putavara encima!!! Vamos a pensar una idea mejor, que no hay prisa!!

Esto es una tontería, porque lo que hace que se sujete la botavara es el amantillo y no el pajarín, pero con los nelvios nadie se dio cuenta. A mi Juan se le ocurrió la obviedad de quitarle tensión al cabo amollándolo y desenrollando un poco la vela, y una vez en banda, el stoper se quitaba sin problemas con la ayuda de un destornillador que hacía las veces de mango y que guardamos como oro en paño para el resto del crucero. Buffff, un problema menos

 

 

Echamos el hierro delante de unos hipermegayates que por las luces parecían edificios enormes y nos quedamos viéndolos un rato tomando -cómo no- todo tipo de bebidas alcohólicas. Después todos nos fuimos a dormir tranquilamente menos Juan, que se quedó en duermevela, ya que los ferris que pasan continuamente por el fondeo levantan mucha ola y pueden levantar también el ancla. Al final la noche fue tranquila y sin contratiempos.

A la mañana siguiente desayunamos convenientemente, aunque Edita se pasó al bando de los cerveceros
Qué rica la cerveza por la mañana, creo que me voy a aficionar.

Sin embargo, Miguel se dio cuenta de que el almacén había ido bajando de nivel a un ritmo estrepitoso y ya no quedaba ni una!! Con 200 cervezas habíamos hecho corto!!!

Decidieron que había que ir urgentemente con la zodiac a comprar y las chicas nos prestamos para aprovechar e ir al mercadito de La Savina, que es una pasada de chulo. Después de arreglarnos un poco nos fuimos las tres marías, donde nos compramos unos trapitos ideales, sobre todo -cómo no- Edita, jajajaja. Tanto comprar y mirar nos cerraron el súper y tuvimos que volver sin cervezas, lo que obligó a los chicos a volver por la tarde. Además nos trajeron un collar para cada una y así tenernos contentas.

Después decidimos "mudarnos" a Espalmador, ya que el fondeo a boya es mucho más seguro, y porque es una isla especialísima para nosotros de visita obligada, donde nos casamos y cuyos dueños son amigos.

De Illetas a Espalmador

El trayecto fue un paseo corto y sin incidentes, íbamos tomando el sol y cervezas, además de planear cómo hacer la maniobra de fondeo, ya que no olvidemos que íbamos con un sólo motor. Decidimos que yo bajaría a la zodiac a elegir boya, Miguel, desde la proa, me echaría el cabo una vez amarrado a una bita, yo pasaría el chicote por su sitio y se lo devolvería, para que él hiciera firme en la otra bita, mientras Juan iba a la caña.

Al cabo de una hora fondeábamos sin ningún problema, puesto que había cero viento, cero mar y una boya libre en línea recta. Entramos con la arrancada que llevábamos, lo que permitió al Capi aproximarse sin problema y con precisión.

Para celebrarlo mi Juan hizo agua de Valencia, que consiste en:
-1 botella de cava
-1 litro de zumo de naranja
-1/3 litro de cointreau
-1/3 litro de ginebra
-1/3 litro de vodka
-azúcar (este ingrediente mi Juan se lo salta)

Para la ocasión se puso una túnica india hasta los pies y un pañuelo con hojas de maría en la cabeza, y como no había jarra suficientemente grande lo mezcló todo en una olla dando vueltas con un cazo; parecía un Chamán. También Miguel se puso unos pantalones rarísimos y una especie de turbante, las chicas nos pusimos nuestros trapitos y collares del mercadito hippie, y montamos una fiesta en un pis pas con musiquita guay.

Pero ay mareeee, como entra el agua de Valencia esa!, es un invento diabólicooo!! La melopea que nos cogimos Edita y yo con sólo dos vasos no es para contarla. Las dos acabamos delirando.. Decíamos "Dejadme morir" y cosas por el estilo, y nos fuimos a dormir la mona llevadas en brazos por los maromos hasta nuestros camarotes.

A la mañana siguiente amaneció un día espléndido con el mar como un plato y las aguas turquesas. Todos comentamos que estábamos teniendo muchísima suerte en el crucero, el viento era perfecto, el estado de la mar inmejorable, brillaba el sol, la compañía era genial y todo iba sobre ruedas, salvo pequeños incidentes sin importancia. Pobres de nosotros, no teníamos ni idea de lo que nos esperaba…

Espalmador:

Mónica Edita y yo nos fuimos a la playa con los perros nada más desayunar y estuvimos andando descalzas sobre esa arena finísima que parece polvo de talco con pintitas rosas de coral molido, y bañándonos en el agua transparente hasta lo imposible con los perros. Les gustó tantísimo el sitio que sobre la marcha decidimos que nos quedaríamos un día entero con su noche aunque eso nos impidiera, por falta de tiempo, ir a Tagomago como habíamos previsto en un principio, y así se lo comunicaríamos a los chicos al volver a bordo.

Cuando llegamos al barco los maromos estaban hablando con el boyero, un galleguiño muy simpático que ya nos conoce de otros años. No puso ninguna pega a que no hubiéramos reservado, ya que había bastantes boyas libres, pero nos dijo que estaba previsto que saltara este al atardecer y que esa boya (naranja pero tan desteñida que la confundimos con blanca) no era para nuestra eslora, y podíamos amanecer en la arena, con lo que decidimos cambiarnos a una boya blanca, para barcos de 15 mts. o más.

Aquí empezaron las primeras dificultades serias, aunque nosotros -almas de cántaro- ni lo imaginábamos (menos Juan, que se calló como un putas)

La odisea de la boya

La previsión del tiempo se había empezado a hacer realidad y el viento empezó a arreciar un poco.
Me bajé a la zodiac más deprisa que corriendo y en plan vigilante de la playa me puse a buscar una boya adecuada a toa leshe. Cuando ya tenía la boya elegida y bien cogida, vi que el barco, en vez de venir hacia mí se iba para otro lado y pensé:

¿Pero a dónde va mi Juanico? Voy a acercarme por si no le parece bien esta boya, hay que joderse qué tikismikis"

En un plis plas me puse al lado del Capi:

-Pero a dónde vas!!!
-Es que no tengo maniobra!! Vamos a buscar otra boya que me pille mejor!!

Oído cocinaaa!!!

Total, que me fui a otra que a mí me parecía facilísima, pero claro, el pobre Juan, cuando daba avante con sólo el motor de estribor, el barco se le iba hacia babor y no había manera de ir a donde quería.
Así estuvimos un buen rato, cambiando de boya cada cinco minutos y desistiendo para buscar otra que nos viniera más a mano. Nos habíamos convertido, sin darnos cuenta, en el espectáculo de la isla, no había barco que no estuviera mirando lo que hacíamos sin entender nada, y seguro que -al no saber que íbamos con maniobra restringida- pensaban que éramos gilipollas.
En esto se me acerca un maromo en su zodiac y me explica cómo se hace una maniobra de boya:

El barco tiene que acercarse a la boya
-Ya, ya lo sé, pero es que va con un solo motor y no puede
-Que use la hélice de proa, ¿lo sabe hacer?
-Si lleváramos hélice de proa íbamos a estar asín
-Yo de vosotros me iría a otro sitio y echaría el ancla, mira aquí al lado hay un fondeadero que se llama Illetas y que….
-Mira, tío, que me tengo que ir a buscar otra boya, pero gracias eh?

Empecé a ponerme muy nerviosa, ya no por la conversación para besugos con este tío, sino porque estaba viendo cómo el barco se aproximaba peligrosamente a la playa sorteando barcos fondeados, joderrr, a ver si va a abordar a alguno!!! ¿Y qué sonda habrá? Si está cerquísima de la orilla!!

Juaaaaan!!! Aléjate si puedes que vas a embarrancaaaaar!!!!!

Creo que me debieron oír hasta en Sebastopol, y encima toda aquella gente mirando con muchísimo interés como si fuera un culebrón.

Después de diez minutos angustiosos, Juan salía airoso de aquel enjambre de barcos hacia una zona con más sonda y más libre.
De repente vi que por chiripa estaba cerquísima de una boya, aceleré a tope y pallá que me fui.
Miguel estaba en la proa con el chicote en la mano y me lo dio enseguida, lo cogí, lo pasé por el guardacabos del muerto, se lo devolví… pero el barco se había movido, no aguantó la tensión y tuvo que soltarlo, Joderrr, si ya lo teníamos!!!!
Juan dijo que porqué no nos íbamos a otro lado, estaba harto de ser el mono de feria de Espalmador, pero a mi no me dio la gana, teníamos que conseguirlo!!!

Le dije que se fuera hacia donde pudiera, y que en una de estas seguro que se volvía a acercar a una boya otra vez, y así fue; esta vez amarramos con éxito, pero faltaron los aplausos del público y Chufo se puso a ladrar en señal de protesta jajajajaja

Una vez abordo me contaron que estaban todos acojonados, porque al asomarse veían que el fondo estaba ahí mismo, y que iban arando la arena, además de haber pasado prácticamente rozando a un par de barcos.

Datos de Edita:

Medidas 90-60-90
Altura 1,79
Piernas kilométricas
Pelo: media melena morena
Ojos negros
Tetas muy bien puestas terciaditas
Culito redondo y en su sitio
Glamour y elegancia natural
Simpatía y marcha sin límites

Los interesados podéis ir dejando vuestros datos para hacer la selección.

 

 

El espectáculo de la Zodiac

Pues bien, perfectamente amarraditos a nuestra flamante boya, las chicas y yo propusimos ir a tierra todos, pero al ir a encender el generador, Miguel descubrió que salía gasoil en espray y que no arrancaba ni patrás, por lo que decidieron quedarse para intentar arreglarlo. Se había roto el tubo de alimentación que va desde la bomba a un cilindro.

Total, que otra vez las tres marías y los perros nos fuimos a tierra con las basuras. En el trayecto la gente nos miraba -supongo que como a los bichos raros que acababan de tardar dos horas en amarrar haciendo cosas rarísimas- y Edita volvía a saludar cual princesa a su pueblo con la mejor de sus sonrisas.

Los perros saltaron al agua antes de tiempo y les tocó nadar un rato hasta alcanzar la orilla, pero esto les permitió escaquearse de la correa y poder ir a su aire, con lo que Chufo corrió directo a las basuras del contenedor para comérselo todo, todo y todo, como de costumbre


 

Conseguí atarlo cuando estaba dándose un festín asqueroso y nos fuimos por la orilla andando hacia un tío muy guapo que venía en sentido contrario, a ver si era del agrado de Edita. El chico se acercó a nosotras muy sonriente, pero no era por nosotras, sino por Chufo, que realmente es muy guapo. Se agachó para acariciarlo y mientras le decía "Qué bonito es, ¿cómo se llama?" ..Chufo emitió un sonido extraño e inmediatamente potó una montaña de condones usados, con lo que el proyecto de ligue se dio a la fuga muerto de asco.

Después de reírnos un buen rato con la anécdota, pasear por toda la isla y bañarnos, iniciamos la partida al barco de nuevo. La zodiac estaba al lado del catamarán de turistas, así que nos sentimos observadas en todo momento por cienes de ojos.
Aproamos la neumática a la mar e hicimos saltar a los perros, después saltamos Mónica y yo, y Edita -como es la más alta- nos empujó un poco y luego saltó ella también. Una vez colocados todos en su sitio, al intentar arrancar el motor no hubo manera, y las olas nos retornaron a tierra en un plis plas. Repetimos la operación unas cinco o cien veces para desternille de las gentes que nos observaban, y ya decidimos que Edita no subiera hasta conseguir poner en marcha el dichoso Suzuki. Pasó una media hora y yo ya tenía el brazo que no sabía si era mío o de mi vecino, así que tiré la toalla. El motor estaba absolutamente ahogado y ya no hacía ni amago.

 -Chicas, vamos a ir a remo, a ver, dónde están
-Pues no lo sé, no los veo.
-Aquí hay uno
-Ay madre, y el otro? ¿quien los ha metido abordo?
-Yo no
-Yo tampoco
-Pues sólo ternemos uno ¿Y qué hacemos?
-Pues no nos queda otra que remar con un remo
-Pero no llegaremos ni mañana
-Yo pediría ayuda a algún chico para que nos remolque (
¿adivináis quien dijo esto?)
-Pero si ya no hay nadie en la playa!!
-A ver, Moni, siéntate a Proa con el remo y le das por una y otra banda.
-Vale
-Yo me tiro al agua y ayudo nadando
-Halaaaa!! eso es imposible
-Pues lo vamos a intentar.

En total, que me tiro al agua, agarro el cabo y empiezo a tirar nadando de espalda, pero aquello apenas se movía y yo no aguanté ni un minuto, uffff!. Entonces miré a Chufo y vi que él me miraba a mí a punto de saltar y se me encendió la bombilla:

Chufo, Chufo, ayúdame, tienes que llevarnos a buscar al amo, anda, al agua a nadar!

No se lo pensó ni mil segundos más y se tiró inmediatamente viniendo hacia mi, me agarré a su arnés con una mano y al cabo de la zodiac con la otra y empezó a nadar como un jabato tirando de mi y de la zodiac con Edita, y López dentro, mientras Mónica hacía lo que podía sentada a proa con el remo.
El espectáculo tuvo que ser mortal, pero yo estaba orgullosísima de mi perro remolque que tiró y tiró durante un cuarto de hora sin parar mientras yo seguía dándole ánimos

Vamos Chufito, muy bien, lo estás haciendo muy bien, qué premio te voy a dar, un poco más, un poco más!

Mientras, las chicas se pusieron a cantar nuestro himno del verano mientras contoneaban sus cinturas: "Salvameee soy un naúfragoooo"

Cuando presentí que el perro ya estaba extasiado, llegó como una aparición divina el boyero con su zodiac, el cual paró y ayudó a Chufo a subirse. Después me subí yo a nuestro tender y nos abarloamos al gallego, quien nos llevó despacito haciendo retro durante los 50 o 100 metros que aún faltaban. Fue una maniobra perfecta, y nada más llegar le dimos su premio a Chufo: un fuet para él solo y su premio al boyero: una cerveza. Edita estaba emocionada y decidió que a partir de ese momento una buena parte de su comida sería para su nuevo ídolo.

Miguel empezó con el cachondeíto del boyero:

Oye, qué ha venido a preguntar por vosotras, y cuando le hemos dicho que veníais por ahí se ha ido ipso-flauto a rescataros, ¿alguna se lo ha ligado o qué?
-Nosotras???? pero que vaaaaa?
-Claro, claro, vosotras sois las típicas mosquitas muertas que vais ligando boyeros por ahí, claro, claro

La verdad es que el boyero es encantador, pero lo que se dice guapo no es, sin embargo, pudimos recrearnos la vista con la aparición de Marc, un mecánico impresionante morenazo y de ojazos azules con tableta de chocolate.

Edita –¿Y este tío tan bueno de dónde ha salido?
Juan –Es un mecánico de "Helix" (fantástico taller situado en el puerto de La Savina que conocemos hace años). Los hemos llamado porque no hemos podido arreglar el generador.

En una hora, Marc acabó su trabajo y se sentó con nosotros a tomar una cerveza. Edita lo miraba con ojos golositos y Marc hablaba y hablaba sin parar de los cambios que había habido en su vida para ponernos al día. Marc nos contó que se acababa de casar, y a mi me dio pena que se abortara lo que podía haber sido un romance de verano apasionado que hubiera dado mucho que hablar.

Nos despedimos de él hasta el año siguiente, ya que ese era nuestro último día en las islas. Al día siguiente partíamos de vuelta a Barcelona por la tarde, en una travesía de dos días que no olvidaremos nunca porque nos pasó de todo.. y esta vez sí que fue muy pero que muy fuerte

El regreso:

Después de haber dormido como sátrapas nos levantamos pensando que era nuestro último día ahí.
Edita, Moni y yo nos fuimos con los perros a la playa. El fueraborda funcionaba divinamente porque ya se había desahogado, así que no me explico qué es lo que hice el día anterior para que no arrancara; como soy tan despistada estoy pensando que igual no le puse el hombre al agua o vete a saber, con los nervios de que todo el mundo nos observara cualquier cosa pudo ser.

Mientras tanto, Juan y Miguel empezaron a arranchar para la travesía de vuelta. Cuando nosotras volvimos subieron el tender con una driza y el motor fuera borda, y lo dejamos todo bien trincado. También preparamos unos filetes de lomo empanado y tortilla de patata para ir comiendo sin necesidad de platos ni cubiertos, porque navegando es preferible la tecnología digital (con los dedos)

En esto apareció el boyero, supongo que para saber si nos íbamos ya, puesto que no se puede ocupar una boya más de dos días seguidos, pero Miguel aprovechó la coñontura para seguir con el cachondeíto:

-Claro, claro, vosotras sois las típicas mosquitas muertas, pero el boyero está todo el día viniendo a veros, a saber qué habéis hecho con él
-¿Nosotras? nadaaaa, que no hemos hecho nada!!
-Claro, claro, que vais a decir, si sois las típicas.

La verdad es que daba gozo ver cómo se le partía la caja a Mónica de risa con las tontunadas de su chico; estos dos se pasan el día con agujetas de tanto reír. En cuatro años de relación aseguran no haber discutido jamás, y no me extraña, con tanta risa no les da tiempo!

Después de un último baño de despedida, escuchamos el parte:
Viento de Sureste fuerza 3-4 estado de la mar marejadilla a marejada, así que no estaba nada mal para nuestro rumbo a Badalona.

A las cinco de la tarde quedábamos libres de la boya y salíamos sin dificultad de maniobra porque el viento del sureste nos doblaba perfectamente, y antes de salir de la rada cogimos arrancada para ir divinamente con un sólo motor, el cual fue quitado enseguida después de izar velas (sólo Mayor y génova para ir a un largo)

Pusimos proa a Es Vedrá y durante las primeras 7 horas de travesía el parte se cumplió, pero al llegar a Punta Moscarté y quedar desprotegidos de la costa la cosa empezó a cambiar y se establecieron 35 nudos de viento con rachas de hasta cuarenta y cinco, rolando del sureste al leste. La mar también iba creciendo, y la marejadilla se convirtió en marejada y fuerte marejada Pusimos dos rizos a la mayor y otros dos al Génova, pero aún así el barco se movía mucho y de repente se oía algún ruido dentro, de este tipo:

Catracrássssss
Crooooook
Cliiiiiinch

Todos íbamos sentados a popa, menos Juan que iba de pie a la caña porque tuvo que quitar el piloto automático, ya que con esa mar nos arriesgábamos a que se rompiera. Además era conveniente negociar la ola para ir más cómodos, sobre todo cuando venía una desmandada del través.

Mónica y Miguel iban progresivamente dejando de hacer bromas y reírse respectivamente, mientras que Edita leía tranquilamente una novela de amor y lujo a la que se había enganchado sin inmutarse lo más mínimo por los movimientos ni los ruidos de cosas rotas.

Fuimos bajando todos a por ropa de abrigo a medida que pasaban las horas, y al final acabamos con forros polares y trajes de agua, porque se puso a lloviznar y hacía bastante frío.

A mi me daba miedo que mi López se cayera por la borda, porque se asomaba por sotavento todo el rato, pero no lo quería atar por miedo a tropezarnos con el cabo y caernos, así que opté por irme con él al camarote, y de paso me llevé también a Chufo.

Al bajar me encontré todo por los suelos, cubiertos, baúles, ceniceros, CDs etc., y fui sorteando como pude las cosas agarrándome a todo para no caerme. Los perros no podían agarrarse e iban intentando mantener el equilibrio, pero patinaban y se daban de cosques con todo

Me tumbé en la cama con los canes, pero dentro se nota todo mucho más, cuando rompen las olas contra el casco arma un estruendo, el ruido del generador se amplifica, el ruidaco del winche eléctrico cuando hacían los rizos lo mismo, aparte de cosas que se seguían cayendo por el suelo y también armaban su jaleo, todo acompañado por el sonido del viento, que daba miedo: uuuuuuuuuuuuuuu. Total, que mis perros empezaron a estresarse, Chufo jadeaba sin parar y mi pobre Lopecito temblaba como un vibrador a pesar de que yo lo abrazaba todo el rato.

En el techo de mi camarote hay un tambucho que da justo a la toldilla (generalmente en los veleros es la bañera), y yo lo llevaba abierto para oír los comentarios y enterarme de lo que pasaba.

El viento seguía arreciando y la mar ya era mar gruesa, así que terminaron por dejar una pañoleta del génova a modo de tormentín. Mi Juan a ratos capeaba el temporal y a ratos lo corría, turnándose a la caña con Miguel cada hora para ir descansando a ratitos.

En medio de aquella situación, Miguel quiso apuntar la posición para marcarla en la carta, pero no le dio tiempo ni a verla porque se apagó el único GPS que nos quedaba y que no volvería a encenderse más en todo el trayecto, pues su batería se había agotado, a pesar de que poco antes indicaba que le quedaban un par de horas. Por cierto, que al llegar a destino volvió a encenderse, misterios de la electrónica.

De repente el generador, que iba encendido para cargar baterías, hizo puf puf puf y se paró. Juan y Miguel intentaron arrancarlo pero no se ponía en marcha, era inútil. Como nos era imprescindible cargar baterías para los enrolladores hidráulicos, Juan bajó a arrancar el motor de estribor (el único que funcionaba) que también carga… y aquí vino lo peor: tampoco arrancaba ni llorando.

Desde mi camarote oí que Juan sentenciaba: "Lo tenemos crudo, vamos sin motores, sin generador y sin GPS"

 

El temporal:

Edita -que aparte de tener un tipazo y ser muy fashion es también muy buena amiga- vino al camarote para hacerme compañía y se tumbó conmigo en la cama. Teníamos que agarrarnos todo el rato a donde podíamos, porque los movimientos nos desplazaban sin parar de un lado a otro.
En una de estas vino una ola del través muy fuerte que me tiró al suelo directamente. Cuando estaba tumbada en el suelo..ZAS, Edita se me vino encima, y pa remate del tomate…TOMA!! Chufo también se nos cayó terminándonos de aplastar. Nos dio un ataque de risa floja que no nos dejaba levantarnos

Edita-Ay, ay, ay, que no puedo más
Yo –¿Del temporal?
Edita –Nooo, de risaaaa!!!
Ambas- jajajajajaja

Supongo que lo mío era puro nervio, porque de acordarme de que íbamos al pairo en medio de aquel oleaje me entraba un cangueli que prefería ni pensarlo. No me atrevía ni a preguntarle nada a Juan para no desconcentrarlo ni ponerlo nervioso; si quería decirnos algo ya lo haría.

Pero Edita iba tan tranquila, os lo aseguro. Ella confiaba plenamente en el Capitán y en el barco y se sentía en las mejores manos, porque así nos lo dijo después, cuando todos comentamos -una vez pasado todo- su admirable inmutabilidad.

¿Miedo? en ningún momento, no había ningún motivo.

Nos subimos otra vez a la cama y Edita se puso a charlar de su planes a la llegada en medio de movimientos y ruidos a los que no hacía ni el menor caso

Tengo que llamar a fulanita para ir a cenar -cataploooom- Recuérdame que cargue el móvil, que con todo lo que he hablado -prrrgggkkk- igual me queda solo una rayita. Fuuuuuuuuuu
Por cierto, ¿crees que me dará tiempo a arreglarme el pelo antes de llegar? Lo tengo fatal

Yo le contesté:

No me lo puedo de creé!! Pero ¿cómo puedes preocuparte por el pelo en esta situación??

Edita- Antes muerta que sencilla

Ella seguía y seguía charlando como si nada, ni siquiera una ola que entró por el tambucho y que puso la cama perdida de agua de mar, hizo que nuestra Edita se alterara lo más mínimo.
Con los movimientos empecé a sentir mi estómago como una batidora, y -supongo que del nervio acumulado- también me notaba floja de tripas, asín que como pude me fui al cuarto de baño y me despojé de todo el lío de ropa que llevaba, Jersey, camiseta, pantalón de peto polar etc. No quiero seguir contando con detalle lo que sucedió en ese cuarto de baño, pero lo dejé perdido. Quise apañarlo con agua, pero oh! no salía agua (El depósito se había vaciado por culpa de una fuga en proa que descubrimos después).


 

Menos mal que tenía toallitas húmedas, tanto de bebés como limpia baños, (muy recomendables para ahorrar agua, yo siempre llevo abordo) pero con aquellos movimientos lo dejé todo bastante mal, y decidí que no volvía a vestirme por si me daba otra urgencia no manchar la ropa y simplificar.
Y menos mal que así lo hice porque mis visitas al Sr. Roca fueron muchas y muy seguidas.

Me volví a tumbar con Edita cuando de repente notamos algo húmedo y caliente en la piel: Los perros se estaba haciendo pis!!! La sábana olía a rayos, y eso que aún no les había dado por vomitar o hacer de lo otro.

Edita decidió just in that moment que se iba a su camarote a descansar un rato. Supongo que ya no soportaba tanta guarricie, pero ella no dijo nada al respecto haciendo gala de su elegancia natural, y la tía durmió cuatro horas como un angelito!!!
Estoy segura de que hubiera seguido cual bella durmiente si no fuera porque de repente oímos la voz de Mónica desde la cámara gritando desesperada:

-Humoooo! Juaaaan!!! Humooooo!!!!!

Alertada por semejantes gritos, salí en pelotas de mi camarote y me encontré a Moni a cuatro patas en mitad de la cámara, que efectivamente estaba llena de humo blanco y con un fuerte olor a quemado. Yo me quedé como bloqueada atontada mirándola y ella, con cara desesperada seguía gritando: Humooooo!!!!!!

 Comentario de Edita

Lo  primero y más importante:
Mil gracias al capitán y a la capitana del "Blue Alachar" (se escribe asín, espero) que me han regalado la mejor travesía de mi vida.

Descripción del personal:
Juan, igualito que el Capitán Hadock, pero en nacional, maño pa más señas, y desde luego mucho mejor. Da muchísima seguridad.

La Marisu, amiga de años, lo nuestro fue flechazo. La tía es una campeona, incansable, de akin para allin tol tiempo, agota a cualquiera que la vea. No calla, to lo cuestiona, y lo de la disciplina sin cuestión, pos como que no le va nada. Pero la tía sabe. Sabe y controla. Pero al mando de la zodiac.. pues.. Ya no sabría decir… y el peligro que tiene cuando está a bordo de la ante dicha. como un mosquito, de boya en boya buscando la de no se de que color.

Mónica, pequeñita ella, discreta y tímida. Pero sabe de to y da unos masajes de cutis de muelteeeeee!
Blanca como la nieve, con crema protección 600, asín tiene ella el cutis!
siempre alerta y vigilando: barco a las ocho menos cuarto, otro a las doce y diez. Asín tol tiempo. 30 horas sin dormir..

Miguel, laaaaaargo.. flaaaaaaaaaaaaaaaaco.. y caaaaaaaaaaaaachondo!!!!!!

Y servidora:
no mido 179, mucho menos
las otras medidas son apañás na más.
De navegación no tengo ni idea, solo se mantenerme callada y apartada de la maniobra, lo de no hacer nada es un arte que domino, eso sí!

Chufo: perro labrado, de peso aproximado varias tonelada, un pisotón suyo es mortal para el pie, y la pierna corre serio peligro de gangrena. Gran amante de todo tipo de basura y vomitador experimentado. La vomitonadesustanciasdesconocidas a los pies de ingenuo playero fue inolvidable. Pero como remolcador no tiene precio. Nos llevo a las tres un montón de metros hasta que nos vino a rescatar el gallego. Suxi estaba en el agua con él, guiándole. Mónica en proa con el único remo. Y yo, que había subida la ultima, disfrutando con López del paisaje.

López: perro único en su raza, no le gusta navegar y creo que esta hondamente preocupado por todos a los que nos gusta hacerlo. Sensato y cabal como solo un perro puede serlo.

Final del temporal:

A los gritos de Mónica, empezamos a acudir todos a la cámara -Edita con un camisón elegante a la par que sencillo- salvo Miguel que se quedaba a cargo de la caña. A mi me importó un pito estar en pelotas; tanto era el susto que llevaba encima que ese nimio detalle ni lo consideré. Todos abríamos puertas y pañoles como locos mientras mi Juan se metía en la cámara de motores:

Juan –Nada, aquí no hay nada.
Yo -Menos mal, era lo que más miedo me daba

Seguíamos buscando como perros sabuesos el origen de la fumata, agarrándonos a donde podíamos para no caernos con los bandazos y pantocazos que daba el barco (por eso Mónica se hallaba a cuatro patas)

Una servidora se imaginaba el barco volando por los aires en una explosión como en las películas de James Bond, hasta que encontré el origen de aquel fuerte olor a cable quemado y el humo blanco de "habemus papa" y me tranquilicé muchísimo.
 

 Fue un incendio eléctrico, puesto que se trataba de un foco pirata muy potente que se nos había olvidado desde hacía varios días y que continuaba en su cargador. Por razones ignoradas el cable, que es bastante gordo, se derritió e hizo corto. Lo desenchufamos y se acabó el chisporroteo, aunque el tufo tardó bastantes horas en quitarse, provocando un mareo considerable en el pobre Miguel, al que -para animarle- le cantábamos aquello de:

Que le estará pasando probe Miguel, que hace mucho tiempo que no saleee

Llevábamos ya muchas horas de mar gruesa con áreas de mar muy gruesa (esto lo comprobó Miguel por internet al llegar) Las aéreas de mar muy gruesa nos las debimos de comer todas nosotros, puesto que no nos cruzamos con ni un solo barco deportivo en todas aquellas horas de temporal. ¿Quién los habría avisado a los muy cabrones?

Edito para meter una morcilla.

Por el contrario, sí nos encontramos con dos cargueros al mismo tiempo a eso de las tres de la mañana, cuando más rabioso estaba el temporal, y el viento soplaba a unos 40 nudos establecidos con puntas de más de 45. Yo estaba en el camarote con los perros, Miguel se había acostado un rato para ver si se le pasaba el mareo, y Edita dormía plácidamente en su litera. El Capitán se encontraba con Mónica en el puente y  me han contado el episodio, por lo que lo intercalo en este relato.

Juan avistó las luces de un carguero por la amura de babor que se encontraba a 6 millas según el radar y, al mismo tiempo, apareció otro carguero por el través de estribor, a 4,5 millas. Marcó ambos buques en la pantalla y al cabo de 10 minutos volvió a mirar la pantalla y comprobó que se habían acercado casi dos millas cada uno de ellos sin cambiar de demora, lo que le indicó que ambos se acercaban a rumbo de colisión.
Mi Juanico siguió atento al radar, para comprobar que cada vez estaban más cerca sin cambiar la demora, mientras que Mónica no necesitó aparato alguno para darse cuenta a simple vista, y aquellas luces lejanas se convirtieron en poco rato en sendos puticlubs de tamaño gigantesco ahí al lado.

La situación era complicada teniendo en cuenta que íbamos sin motores y no podíamos cambiar fácilmente el rumbo, dado el reglaje de las velas y la dirección del viento, pero estaba claro que si no lo hacíamos terminaríamos haciendo chunf chunf -glu glu glu.

Con la inestimable ayuda de Moni -la cual no dejó de observar absolutamente todo y ya sabía donde estaba cada cabo y cada winche- acuartelaron velas para parar el barco y dejar que los cargueros maniobrasen entre ellos por nuestra proa. Así ocurrió, y se cruzaron en una maniobra preciosa y espectacular en la que nos ignoraron totalmente.
Después siguieron su rumbo y se alejaron hasta desaparecer, pero mucho antes ya habíamos vuelto arrancar para seguir nuestro camino.

Menos la bella durmiente, nadie había pegado ojo en unas 20 horas, salvo a ratitos muy cortos, y Mónica ni eso. La chica batió todos los récords: en total estuvo 30 horas seguidas sin dormir ni un segundo, aunque al final cayó muelta del todo, pero esto vendrá más adelante.

Llevábamos 12 horas sin motores, sin generador y sin tener ni idea de dónde estábamos. Íbamos a rumbo de viento -que rolaba constantemente en mitad de aquella borrasca- sin ninguna forma de situarnos, puesto que el cielo estaba completamente encapotado impidiéndonos ver las estrellas y no había ni una sola luz por ningún lado ni -recordémoslo- un sólo GPS en funcionamiento. Poco antes de llegar el orto nos quedamos muy tranquilos porque por primera vez avistamos un faro: el de Columbretes. La mar se había desencabritado un poco y pusimos rumbo a estas maravillosas islas.

Hacia el medio día el temporal decía adiós para siempre, y la fuerte marejada nos parecía un arrullo de barcarola. Todos nos pusimos muy contentos pensando que ya había pasado todo….. ingenuos! Ni siquiera barruntábamos que lo peor estaba aún por llegar.

 

Pues si!
hay que darle la razón a la Marisu, cuando la tiene, por ejemplo ahora.

La situación era alarmante. Aquel pestazo era peligroso. En principio no parecía mortal, pero había que pensar que quizás era de absorción lenta.
En teniendo en cuenta de que nosotros apestábamos (yo fijo, los demás creo que también) que los perros apestaban, que la ropa apestaba y que los cuartos de baño hacia horas que no funcionaban.. El que nos hubiéramos dado cuenta, era significativo.
Se tomaron medidas, cada cual a su entender, yo, pensé:
con lo que fumamos (algunos muchos, otros muchísimo y algun@ como pertubad@s) fijo que alguien ha quemado alguna guarrería en un descuido y me puse a revisar los doscientos ceniceros que tenía más cerca, todos repletos de colillas, si no no encontraba nada, tenía que ponerme a revisar los 3000 esparcidos por todo el barco. Ahí reconozco que tuve miedo, pero me lo callé, no había que asustar al personal.

Menos mal que la Marimoni, con su eficacia habitual, encontró la fuente del problema en un periquete, con lo cual, la crisis se resolvió en na y menos.

La actuación de los cargueros me la perdí, pero es que la meditación es asín. Y no iba en camisón. No te fijaste bien, Marisu, tampoco me sorprende que en tus escatológicas circunstancias no te fijaras, y eso que el modelito era mono mono. Además, dicho modelito demostró una calidad inesperada. Resistió los pisotones y empujones de un perro nervioso que no paró de pasearse sobre nosotras hasta que cayó agotado (unas 6 horas tardó) y las babas del otro, fueron varios litros de baba lo que nos cayó encima.

 De la calma al sobresalto:

Al amainar las olas, Juan y Miguel pudieron bajar a la cámara de motores a intentar arrancar el motor de estribor y, después de purgar el circuito y hacer unos cuantos intentos, lo consiguieron. Lo mantuvieron arrancado y en punto muerto y quitaron todos los rizos de las velas desplegando del todo Génova, carbonera y mayor, pues había 20 nudos de viento establecido. Después de esto, el probe Miguel -que estaba tronzado- se fue a dormir unas cuantas horas seguidas a su camarote.

Navegamos tranquilamente ya con el piloto automático con una marejada que nos sabía a gloria. Edita preparó café con leche y siguió leyendo su novela de amor y lujo en el sofá de la cámara; mientras Miguel seguía durmiendo profundamente y el resto -perros incluidos- estábamos en la toldilla.

Cuando tuvimos el faro de Columbretes por la popa, Juan puso el barco al 14 para tomar rumbo directo a cabo Salou. Después se fue a la cama antes de anochecer porque no podía con su alma y nos quedamos Mónica y yo de guardia durante unas 6 horas, ya de noche cerrada.

De repente vimos una luz fija muy potente bastante cercana, y yo pensé que eso tenía que ser un pesquero faenando, porque muchas veces los había visto antes y eran igual. Parece que Mónica se conformó con mi versión, pero siguió muy atenta a todo lo que nos rodeaba y a los instrumentos de la bitácora.

Le llamó la atención que la sonda marcara 100 mts… en mitad de la mar, entonces forzamos la vista hacia el horizonte pues había muchísima niebla, pero aún así vimos un tenue resplandor. ¿Será tierra? ¿Dónde estaremos?

Bajé al camarote para intentar despertar a Juan que ni me oía; más que dormido parecía estar muerto, pero después de unos cuantos zarandeos conseguí sacarle de la oreja como a un zombi, y cuando le señalamos el resplandor dijo que aquello no podía ser tierra y tal como cayó en el asiento se volvió a dormir.

Mónica decidió irse al camarote a descansar más tranquilizada con la opinión de Juan, y entonces subió Edita a hacerme compañía. Le comenté que a mi aquel resplandor cada vez se me antojaba más sospechoso, y además apareció una luz que me parecía claramente un faro cercano.

Volví a despertar a Juan, que el pobre se tambaleaba de cansancio y sueño.. Se puso a mirar el faro y dijo que no podía ser, que sería un barco, pero yo seguía igual de mosca:

-Por favor, abrámonos un poco a estribor, que yo esto no lo veo claro
-Vale pues vamos a abrirnos 20 grados ¿Qué rumbo llevábamos?
-No sé. Aquí pone 300
-¿300? Yo lo había dejado al 14
-Pues nadie ha tocado nada
-Joderrr, ¿desde cuándo iremos al 300? Entonces el resplandor sí que es tierra, y la luz sí es un faro. ¿Dónde estaremos?
-Quizá sea el delta del Ebro
-No lo creo!

(Según Edita -que me lo ha aclarado más tarde según veréis más adelante- entre este momento y el siguiente pasaron dos horas durante las cuales yo medio dormitaba en el sofá de proa y ella intentaba convencerme de que me fuera al camarote a dormir porque se había puesto a llover, mientras Juan se había vuelto a quedar frito después de haber rectificado el rumbo, cosa que no acabo de recordar, pero fijo que es como ella dice, porque era la única que estaba con sus 5 sentidos)

De repente notamos el suelo bajo el barco

Catapúm, catapúm!

Madre mía, estamos tocando el suelo!!
Ostiaaaaa!!! ¿Pero esto que es???

El ruido y los toques contra el fondo despertaron a todos los que dormían más o menos intensamente.
Juan bajó rápidamente al cuadro de luces para subir la orza, que es abatible y va de 3.10 mts. a 2.20 mts, pero enseguida volvimos a tocar fondo una vez, y otra, y otra….

Sobresaltados por los choques, Miguel y Mónica subieron con nosotros inmediatamente a cubierta, estábamos todos muy confusos, era la primera vez que nos encontrábamos ante una situación así. De pie, alrededor de Juan que intentaba salir de ahí a toda costa, nadie decía ni mu.

Era noche de luna llena, pero la niebla no la había dejado asomar hasta entonces. Sin embargo en ese momento nos alumbró una lengua de tierra ahí mismo, oscura, sin ninguna señal, pero con una marcada silueta.
Pequeñas olas rompían con fuerza a nuestro alrededor, y cada vez que lo hacían en el casco nos acercaban más y más a tierra. Nadie dijo nada, pero Juan, como adivinándonos a todos el pensamiento, cogió la radio

-Pam, Pam, Pam, Pam , Pam , Pam, Blue Alachar, Blue Alachar ¿alguien me recibe, cambio?
-Aquí Tarragona Tráfico hablando para la embarcación que acaba de lanzar un Pam pam, me recibe, cambio?
-Si, le recibo alto y claro
-¿Qué le ocurre? cambio
-Estoy tocando fondo, aunque estoy intentando salir por mis propios medios. Cambio
-Están todos bien abordo? cambio?
-Si, estamos todos bien
-Deme su posición
-No tengo ni idea, llevamos el GPS roto
-¿Algún punto de referencia?
-No, no vemos mas que tierra aquí mismo, pero sin luces ni baliza ninguna
-Mantengan la calma. No intenten salir de ahí ni forzar el motor. Le voy a pasar con salvamento marítimo
-Gracias, me mantengo a la escucha

Juan no había parado de dar al morse de estribor, el único motor que llevábamos, pero cada vez que una ola rompía en el casco nos desplazaba muchos más metros de lo que habíamos conseguido avanzar tocando fondo todo el tiempo. En ese momento dejó de dar avante.

Empezó a llover, aunque ese pequeño contratiempo en esos momentos era lo de menos. Miré a mis compañeros de aventura y adiviné en ellos un semblante que reflejaba impotencia y cierta desesperación. Una especie de impulso repentino me hizo gritarle a Juan, de repente, con todo el ánimo que pude:

Vamos Juan!!!! dale al motor!!!! daleeee!! este barco es muy fuerte y no puede pasarle nada, seguro que salimos de aquí!!!! Dale maaas!!

Pero a medida que pasaban los segundos, la tierra estaba más cerca y tocábamos fondo con más frecuencia. Eran las 2h de la madrugada.

 Comentario de Edita:

Yo creo que pasó mucho más tiempo. Juan rectificó el rumbo y se quedó a dormir en la herradura, Mónica y Miguel se fueron al camarote y tu al sofá de proa, estábamos todos tan tranquilos que me dejasteis a mi de guardia.
Se veían las luces de la costa a babor con toda claridad, Juan me dijo que le avisara cuando viera algún faro, se lo fui diciendo, todo parecía en orden. Pasaron mínimo dos horas. Empezó a llover y fui a despertarte, Marisu, para que te fueras al camarote y no te mojaras. Nos quedamos hablando las dos, yo estaba en dirección a la costa y la veía hasta que desapareció, y te lo dije, y hablamos de la niebla y de lo desagradable que era..
De repente oímos un crujido siniestro y otro y nada y otro crujido. Juan pegó un brinco, miguel y Mónica aparecieron como una exhalación. Tú empezaste a decir que nos moviéramos, que podíamos salir.
Yo estaba petrificada. No entendía como podía haber pasado eso. Era yo la que tenía que haber visto que nos acercábamos demasiado a la costa. Pero me distraje hablando contigo. Y tenia que haber estado mas atenta, porque hacia ya un rato que habían desaparecido las luces, solo se veía la silueta, pero se veía bien hasta que llegó la niebla.. Cuando oímos el crujido, teníamos la costa encima. Y no lo pudo hacer en un segundo. Yo tenía que haberme dado cuenta pero no lo vi.
Juan inmediatamente asumió la responsabilidad y dijo algo que no sé repetir, que me pareció de una elegancia y señorío impresionante. Estaba clarísimo que no corríamos el menor peligro. Teníamos tierra a dos metros y el agua nos llegaba por debajo de las rodillas. De hecho tuvimos que sujetar a los perros porque querían saltar a tierra. Era vuestro barco maravilloso, vuestra casa, lo que estaba en peligro y no hubo ni el menor lamento.. CHAPEAU A LOS SEÑORES ARMADORES!!!!

 

 

MariEdi, te agradezco mucho la información porque la verdad es que lo tenía todo bastante confuso. Hoy, hablando con mi Juan, Miguel y Moni, hemos intentado poner orden a nuestras ideas y reconstruir la historia, pero aun seguimos sin comprender cómo pudo pasarnos eso.

Estábamos todos tan cansados que ahora confundimos un poco cómo pasaron las cosas. He intentado hacer un remix con lo que hemos hablado este medio día, pero parece ser que tú lo tenias mucho más claro, jajajajaja claro cabrona, con lo profundo que dormiste estabas despejadísima.

Y si, ahora que lo dices, es verdad que estuvimos hablando tú y yo solas un buen rato mientras Juan dormía ahí fuera como un bendito.

De todas formas, desde que empezamos a tocar tierra tengo el recuerdo mucho más vivo en mi mente, y creo que lo podré contar con mayor exactitud, aunque me encanta que estés ahí para rectificarme y aportar tu vivencia.

Tú no tienes ninguna culpa, en todo caso más culpa tendría yo que también estaba ahí, pero nadie tiene la culpa; estas cosas pasan porque el destino está escrito y nadie puede evitarlas.

Por cierto, ni idea de a lo que te refieres con lo que dijo Juan que te tranquilizó, pero para elegancia y señorío el tuyo, que no perdiste tu charme en ningún momento. Muaaaaaa
 

Comentario de Edita:

 Que no te acuerdas Marisu!
Antes de intentar salir de allí, recién levantado y medio dormido, Juan dijo algo que me impresionó. No lo puedo repetir porque no lo recuerdo, pero si recuerdo perfectamente que me impactó. Pero fue todo muy rápido, inmediatamente se puso a intentar solucionar el problema y no me pareció el momento de decir nada.
Recuerdo muy bien lo que pasó. Era la única que me encontraba completamente bien y había dormido. El problema es que me faltan los conocimientos náuticos y que no llevaba reloj desde hacia tres semanas y eso me desorienta un poco. Pero tú y yo estuvimos hablando bastante rato. Yo intentaba convencerte de que te fueras a dormir al camarote. Y me estaba costando mucho, pero con todo lo cabezona que eres, casi lo había conseguido, o sea que llevábamos bastante rato. Y comentamos lo de la lluvia y la niebla, y lo bien que habíamos hecho en irnos a Ibiza y tener buen tiempo. Y tu dijiste no se que bobada sobre los fallos del barco y que había sido una imprudencia ir tan lejos, yo te dije que todos sabíamos y asumíamos que era un viaje de prueba y que las cosas podían fallar. Estábamos las dos de pie, detrás de mi tu veías el mar y yo a tu espalda tenia la costa. Tu no podías haber visto que nos acercábamos demasiado, pero yo si.

 

fijo kestabas sonámbula!
eso como poco, bobadas dijiste varios cientos.. Sobre imprudencias, molestias por las cosas que se habían estropeado .. perdones por nada ..

Y lo que dices es casi cierto en casi todo
pero en lo que se refiere a servidora.. Socagonaaaaaaaaaaa! aun te dura el delirium tremens provocado por tu Juanico

porque no me creo que la autentica receta del agüita de valencia sea asín, taria projibida, perseguida, seria pecao y muchísimo mas cara, fijo!
taba rica-rica, entraba de lujo, como un zumo de naranja gracioso, nada mas.. Y de repente te hallabas a ti misma tumbada, pidiendo perdón por vivir entodavia y rogando una muerte misericordiosa.
Miguel, keman dicho que fuiste tú el kestubisteallin a mi vera, yastás en el clus de mis vistimas, entre eso y lo de las bambas ya tienes un capitulo de los largos, en mis memorias, ke me las va escribir la Marisu, encuanto encuentre un güeco en su agenda.
Y servidora es una bebedora que tiene lloradas y vomitadas a sus 100 mejores amigas y nunca-jamás había caído tan rápido. La receta de la Marimoni es buena, pero creo que se queda corta ante esta bomba.

"Se acabó"


 

 

Cada vez que el barco tocaba fondo era como un puñetazo en el alma. Mi miedo, y supongo que el de todos los demás, es que chocara contra rocas e hiciéramos vía de agua, porque entonces sí se complicarían muchísimo las cosas. Mi esperanza era que el fondo fuera sólo de arena, y así lo deseaba y pedía internamente con todas mis fuerzas.. Además, con una sonda de menos de tres metros, se adivinaba uniformidad en el color del agua, lo que dije en alta voz para tranquilizar en lo posible.

En poco tiempo salvamento marítimo se puso al habla con nosotros y ya no perdimos contacto. Para ello pasamos al canal 74 y así no interceptar el 16, y a partir de ahí nuestra conversación fue casi continua, sobre todo al principio, por intentar localizar nuestra posición con el radio gonio.

Me hice cargo de hablar por radio para que el Capi pudiera concentrarse en la maniobra. El aún confiaba en salir de ahí por sus propios medios, pero yo veía que no había manera y ya me había hecho a la idea de que íbamos a varar. Les expliqué a todos lo que creía que iba a suceder para estar preparados:

La playa está ya aquí. Creo que podemos varar en cualquier momento, pero no os preocupéis en absoluto porque es imposible que nos pase nada; en el peor de los casos salimos andando, pero el barco escorará, supongo que bastantes grados, por eso es mejor que vayamos todos sentados y bien agarrados a la barandilla del asiento para no caernos ni darnos golpes.

Todos me miraron sin pestañear ni decir esta boca es mía, incluidos los perros que se estaban portando de lujo. Yo me maravillé de mi pispa porque me considero bastante descontrolada en general, pero estaba consiguiendo mantener la serenidad cuando por dentro estaba hecha un manojo de nervios, al sentir que nuestro hogar y todo lo que teníamos estaba en juego. Nunca sabemos cómo podemos reaccionar hasta que nos sucede.

Mientras, yo seguía hablando con el capitán de Salvamento marítimo. Nos oíamos con mucha nitidez:

-¿Qué es lo que ven?
-Pues una playa salvaje más bien pequeña de arena en forma de arco, es un rompeolas, está lleno de olas rompiendo en todas direcciones.
-¿No ven ninguna cosa más? ¿Ninguna referencia que nos pueda ser útil?
-Nada más. No hay edificios, no hay faros, no hay árboles, no hay ninguna luz.
-¿Cuántas personas van a bordo?
-Cinco adultos y dos perros
-Manténgase tranquilos, no abandonen bajo ningún concepto la embarcación y pónganse los chalecos salvavidas.
-Muchas gracias, nos da mucha tranquilidad estar al habla con ustedes.
-Cuanto más hable usted mejor, estamos intentando localizarles con el radio gonio

La lluvia había calado ya nuestra ropa y hacía bastante frío. Algunos empezábamos a tiritar o castañear, pero no pensábamos en eso sino en lo que sucedería de un segundo a otro.
De pronto, una ola nos empujó hasta dejar la proa completamente subida a la playa y Juan dijo:

-Se acabó.

Todos nos mantuvimos en silencio.
El barco escoró suavemente, sin brusquedades, posándose en la arena por la banda de babor con un ángulo de unos 70º.
Los perros iban atados con un cabo largo, Chufo tumbado entre la bitácora y las piernas kilométricas de Edita para protegerse de la inclinación (qué bien sabe colocarse siempre) y mi Lopecito, mojado como un pollo, temblando en mis brazos.
Todos los humanoides íbamos sentados y agarrados, y Juan hizo lo propio. El pobre estaba abatido y sólo se le ocurrió decir:

-Me podéis quitar el título de Capitán.

Si esto fuera un culebrón venezolano, lo siguiente sería:

-Entonces le besé y la llama de nuestro amor se avivó sellando nuestro profundo sentimiento hasta la muerte.

Pero no, fui tan fría que creo que ni le dije nada, porque sólo pensé en ponerme al habla otra vez con Salvamar.

-Acabamos de varar definitivamente.

 

La espera:

El barco estaba absolutamente posado en la arena, pero cada vez que rompía una ola en el casco nos subía más a la playa provocando un movimiento algo brusco.

Al principio estos empujones nos daban miedo, porque parecía -aunque fuera imposible- que íbamos a volcar aún más, pero al cabo de cien o mil veces ya vimos que no pasaba nada mientras nos mantuviéramos agarrados a algo.
A pesar de la inclinación tan incómoda , mi Juanico fue inmediatamente al camarote de popa haciendo malabarismos para comprobar que no había entrado agua por las bocinas o los ejes, y que no habíamos hecho alguna vía de agua…


 

 

Cuando salió nos comunicó que todo estaba OK, salvo que había entrado agua por el portillo de la cámara de derrota y había dejado toda la cartografía para tirar -qué lastimita- además de haberse mojado un enchufe, lo que produjo cortocircuito y otra vez el olor a chamusquina, pero a estas alturas esas nimiedades nos daban bastante igual.

Una circunstancia que nos causaba algo de angustia es que nadie sabía dónde estábamos, pero el capitán de Salvamento Marítimo puso fin a este problema, al indicarnos que llamáramos por teléfono móvil al 112, que es un número para localizar llamadas.

Gracias a Dios, Edita Súper Star llevaba su teléfono de última generación (es una gran usuaria de este aparato) en el bolsillo de la chaqueta cargadito a tope, y en un minuto nos localizaron: Estábamos en la playa de "Los Eucaliptos"

Sin perder un segundo se lo dije al Capi de Salvamar e inmediatamente nos dio la mejor noticia que podía regalarnos:

-Nos encontramos cerca de ahí, están ustedes en la zona de los Alfaques (parte Sur del delta del Ebro), tranquilícense porque todos los fondos de esa zona son de arena.
-Muchísimas gracias, eso es fantástico
-Llegaremos en un rato, cuando les avisemos hágannos señales con alguna luz
-Tenemos una linterna de leds aquí, cuando nos digan empezamos
-De momento manténganse todos juntos y bien agarrados, con los chalecos puestos y mantengan la calma
-Sí, sí, estamos muy tranquilos con lo que nos han dicho, ya vemos que no pasa nada. El único que se ha puesto nervioso es el perro que no deja de ladrar, ¿no podría salir con ellos a pasearlos por esta playa?
(esto lo dije en broma, pero él lo tomó en serio y contestó mu profesionalmente)
-No, no, quédense donde están, no abandonen la embarcación.

En esos momentos ya nos quedamos todos mucho más relajados y el manojo de nervios acumulado se fue de repente como colándose por un imbornal, A la mieldaaaaaa!!!

Sabíamos que era cuestión de tiempo y que en más o menos horas llegarían a salvarnos. Nos habían explicado que venían en un remolcador y que nos explicarían la maniobra cuando llegaran para darnos instrucciones, pero que aún faltaba un buen rato.

Con el fin de la incertidumbre y los nervios, cada uno reaccionó de una manera. Edita, sonriendo, pronunció una frase que quedará grabada en letras de oro en los anales de la historia:

"El barco se ha posado en un movimiento suave, con qué elegancia y señorío hemos varado"

Para celebrarlo, Miguel cogió como pudo unas cervezas de la nevera y las repartió.

Esta es la cerveza más surrealista de mi vida -nos dijo- y a todos nos dio la risa floja, así que cantamos una vez más -cómo no- el himno del verano:

"Salvame soy un naufragoooo, salvameeeee…"

Después de esto, la pobre Moni cayó literalmente desmayada en brazos de Morfeo y no volvió a despertar hasta al cabo de una hora o dos por lo menos.

Yo comenté que debía de ser la única ciudadana del mundo mundial que se echaba un sueñecito varadil y que si hacían una encuesta callejera modelo:

"¿Ha dormido usted alguna vez estando varado?"

Fijo que todas las respuestas iban a ser negativas, con lo que nuestra Moni estaba a punto de convertirse en un espécimen extraño digno de un record Guiness.

En esto, unos focos muy potentes nos deslumbraron: eran los faros de un todoterreno que había llegado a la playa en ese momento. Supongo que serían unos amantes furtivos que, ante semejante espectáculo, se pusieron a mirar como el que va al cine a ver una peli tridimensional.

No fueron los únicos visitantes, puesto que más adelante llegaron un chicos y una chica armados de cámaras y objetivos con una pinta de paparazzi absoluta. Al darse cuenta, Edita se puso nerviosa, al tiempo que exclamaba:

-Noooo! fotos para la prensa ahora no!!!!! que tengo el pelo fatal!!!!!!!!!!!!!
No sin mi peluqueraaaa!!! Voy a de llamarla
.

Y en ese momento en que todo nos parecía perdido..
Nuestro capitán tuvo otra gran actuación demostrando el valor y la abnegación que le caracteriza..
Alguien tiene un cigarrillo?
Mónica no fuma casi.. Miguel dijo que no tenía.. La Marisu que a saber donde estarían y yo que me quedaban.. tres!
y ante nuestro horror y gritos:

Juan! no lo hagas!
te vas a matar!
no hay luz!
te partes la crisma como poco!

El tío se metió como pudo y reapareció al poco tiempo, manteniendo el tipo como un equilibrista circense y las manos llenas de cartones de tabaco.
Ole nuestro capitán!!!!!!!!!
Gracias a esta brillante actuación pudimos esperar a los Salvamento Marítimo fumando tranquilamente y tomándonos las cervezas a antes había sacado Miguel.

Sigue la espera:

A mi lo de hablar por radio como que me cogió gustillo, y no paraba de rajar con el capitán de Salvamar, para envidia y celos de nuestra Edita, que ya se lo estaba imaginando cual príncipe azul. Es más, sacó un espejito de mano y su neceser de pinturitas de la señorita Pepis que siempre lleva encima por si un caso y se puso a acicalarse, pues había que prepararse para el gran encuentro.

Después de casi cuatro horas hablando con tan apuesto caballero, ya teníamos suficiente confianza como para tutearnos, aunque él no lo hizo en ningún momento por su profesionalidad:

-Salvamar, Salvamar, Blue Alachar, puedo pedirte una cosa?
-Dígame Blue
-Puede parecerte una frivolidad, pero nos gustaría que nos hicierais unas afotos
-Eso no es ninguna frivolidad, por el contrario es muy conveniente y ya pensábamos hacerlo.
-Ah pues muchas gracias, pero sácanos favorecidos
-¿Están todos bien?
-Si, si, genial, tomando cervezas menos una chica que está durmiendo
-Eso es bueno. Nosotros ya estamos muy cerca
-Uy si os estoy viendo la luz de navegación!!! por nuestro través!!!
-Por favor hagan señales con la linterna para que podamos localizarlos
-Si, si, yo te voy diciendo, ahora encendida, ahora apagada, ahora encendida
(yo lo decía según Miguel iba haciéndolo)
-Ya les hemos visto, pero vamos a esperar a que claree el día para iniciar la operación porque con esta oscuridad nos costaría el doble
-Me parece muy bien, vosotros sois los profesionales y sabéis cómo tenéis que actuar. ¿Seguimos haciendo señales?
-Si, por favor. Mientras voy a explicarles en qué consistirá la maniobra
-A ver, somos todo oídos
-Mandaremos un marinero con la neumática que llevará consigo una estacha
-¿Es mono? (Yo pensaba en Edita)
-Se la dará a ustedes para que hagan firme en algún sitio seguro, por ejemplo en el palo
-Noooo, en el palo no, que nos los acaban de pintar, en la bita de proa que es muy sólida, está soldada a un bao y una cuaderna
-El marinero subirá abordo de su barco y verá el sitio más conveniente
-¿Pero es mono?
-Las bitas a veces saltan, por eso se lo digo

Fin de la Espera:

Haciendo gala de lo mari loro que soy, seguí hablando y hablando con el Capitán de Salvamar de lo divino y de lo humano, además de advertirle de que nuestro barco desplaza 42 toneladas, para que lo tuvieran en cuenta en la maniobra de rescate.

Entretanto, Miguel, Edita y mi Juan hacían bromas acerca de la situación -un tanto dantesca- y seguían dándole a la cerveza, mientras Moni dormía profundamente totalmente empapada, ajena a la lluvia, a las risas y a los empujones y movimientos que las olas seguían provocando al romper en la popa, puesto que la proa ya estaba completamente en la arena cual turista tomando el sol.

Con los primeros rayos del ídem, empezaron a aparecer algunas gentes por la playa, y se nos quedaban mirando con curiosidad mientras hacían comentarios entre ellos que nosotros no oíamos. Me hubiera encantado poder colocar un micro oculto para espiarlos, porque la curiosidad me corroía.

Juan propuso jugar al mus mientras esperábamos a salvamento, moción que no fue secundada ya que las cartas se hubieran escurrío pabajo, y además nos divertía mucho más reírnos con los pormenores de la travesía y seguir cantando a todo pulmón el "Sálvame soy un náufragooooo" para sorpresa de los curiosos, que debieron de pensar que estábamos como regaderas.

Las olas nos habían ido moviendo poco a poco y acomodando, puesto que el barco ya no escoraba como al principio ni mucho menos: la mar había ido socavando la arena por debajo de la orza y le hizo un nicho; se me antoja que debía de ser como un molde a su medida.
Yo creo que la escora en esos momentos no superaba los 35-40º, pero mi Juan me está diciendo que 50º ya nos inclinábamos: vosotros mismos juzgaréis por el retrato que el Capi del "Echarnar" (Remolcador de Salvamar) nos echó al clarear el día y que luego amablemente me dio en un CD, a pesar de que el barco salió bastante borroso por falta de definición.

Envueltos todos en mantas o sacos de dormir completamente empapados, a Edita se le ocurrió hacer un café para entrar en calor, y poniendo en juego su inestimable vida bajó a la cocina, preparó con agua caliente del grifo café soluble Hacendaño y lo subió ya servido en los vasos. Nadie creíamos que lo iba a conseguir, así que fue como una aparición divina y milagrosa muy jaleada por todos los presentes. Acababa de convertirse en la heroína más glamurosa del lustro, como poco.

Mi Lopecito se había dormido envuelto en una manta por la que no asomaba más que las orejitas, mientras que Chufo reposaba ya más tranquilo a los pies de su adorada MariEdi.

Por fin, avisaron por radio de que la operación iba a comenzar:

-Ya les vemos perfectamente, nos vamos a acercar lo más que podamos
-Tened cuidado, no vayáis a varar también que entonces la liamos del todo
-Nos quedaremos a 600 mts de ustedes, porque aquí hay muchos bajos, y mandaremos al marinero con la neumática.
-Ay que miedo me da la neumática… las olas rompen muy fuerte y va a volcar
-Usted no se preocupe por eso. Ahora preparen un cabo para amarrar la zodiac cuando llegue y unos trapos para que la estacha no roce demasiado en la fogonadura.
-Muy bien.
-El subirá a bordo con ustedes para hacer firme la estacha
-¿Y ya se queda con nosotros?
-Sí, irá con ustedes todo el tiempo
-Ay qué bien! ¿y a dónde nos llevan?
-Vamos al puerto más cercano, que es Marina Sant Carles, en San Carlos de la Rápita

Vimos como el marinero bajaba a la neumática con la estacha y se aproximaba hacia nosotros.
¿Se volcará la zodiac? ¿Será guapo? ¿Le gustará a Edita? ¿Habrá flechazo?

El Rescate:

Ya veíamos acercarse al marinero con su zodiac, pero aún no adivinábamos si era guapo o no porque estaba demasiado lejos. Edita quiso observarlo con los prismáticos pero no los encontró, por lo que tuvo que conformarse con esperar pacientemente a tan ansiado momento.

Al entrar ya en el rompeolas, la zodiac se empezó a mover muchísimo y yo me temía lo peor… hasta que ocurrió. El pobre marinero -de nombre Fabio- volcó y se puso la neumática de gorro, menos mal que no se dio un golpe con el motor en el cerebelo porque entonces no lo cuenta o se queda tonto, que no sé lo que es peor.

Avezado, valiente y ágil -y gracias a que ya daba pie- volvió a poner la neumática en su posición y la empujó hasta llegar a nuestra proa donde le esperaba Miguel para agarrar el chicote de la estacha, la cual era flotante y no ejercía presión. Tenía un diámetro de unos 3 cts.

Después se fue a la popa, no sin antes pegarse varios revolcones más a consecuencia de las olas. Todos estábamos pendientes de él, sobre todo Edita, que le gritaba desde su asiento que tuviera mucho cuidado, no se fuera a lastimar antes de tiempo.

Le lanzamos un cabo hecho firme en una cornamusa de popa y él amarró bien el tender con gran estilo y profesionalidad. Después, demostrando su plena forma física, trepó por la banda de babor y de un salto ya estaba con nosotros.

Tendría unos 28 años, fuerte, moreno y fornido, pero a Edita le debió de entrar complejo de infanticida y lo empezó a mirar con ojos de madre, asín que lo siento mucho, queridos amigos, pero no hubo romance con este marinero; tendréis que esperar al encuentro con el capitán del remolcador.

Llegó hecho un pollo en remojo después de tanto revolcón, a pesar de su traje de aguas, así que ya éramos seis los empapados y ateridos de frio

-Todo el verano con un calorazo de muerte y justo hoy se tiene que poner a llover.
-Pero chiquillo, si aunque no lloviera te hubieras empapado igual, has estado más rato en el agua que en la neumática

Después de deliberar un rato, hizo firme en la bita de proa a estribor comunicando por radio que parecía muy sólida, entonces nos habló el Capitán de Salvamar por la emisora:

-Bueno, vamos a empezar la maniobra. Manténganse sentados y agarrados, sujeten a los perros, porque probablemente el barco va a moverse bruscamente.
-Pero en que sentido?
-Seguramente la escora cambiará de banda de repente. Tenemos que cambiar la posición del barco y aproarlo a la mar
-¿No sería mejor haciendo retro?
-Llevamos cientos de salvamentos como éste; sabemos cómo lo tenemos que hacer.
-Perdón perdón, soy una mari loro
-La idea es empezar haciendo zig zag para que la orza haga una cuna en la arena, porque ahora estará muy enterrada después de tanto tiempo ahí.
-Muy bien, estamos todos preparados

Todos nos agarramos bien al pasamanos del asiento y el remolcador empezó a tirar, primero enfilado hacia el norte, después hacia el sur, y así sucesivamente. Hubo que interrumpir la operación un par de veces porque la zodiac del marinero se volcaba con los bruscos movimientos, incluso hasta perder el depósito de combustible y romper la amarra un par de veces

Así nos pasamos unas cuantas horas; el barco sí se movía, pero no porque avanzara, sino porque cambiaba de posición hasta que quedó aproado a la mar. Entonces Salvamar empezó a tirar en línea recta, pero nada, el Blue no hacía ni amago de salir de ahí.

Fabio –Tirad más que esto no se mueve
Capitán –Me da miedo que salga la bita por los aires y se hagan daño
Fabio –Si noto que avanzamos aviso
Capitán –Muy bien, pero sin prisa, el método es ir poco a poco, aunque intentaré darle un poco más

Yo tomaba referencias con alguna matita de la playa y veía que -aunque a veces nos daba la impresión de movernos- seguíamos en el mismo sitio.
Cuando el remolcador tiraba con un poco más de fuerza…. ZAS, la estacha se partió!!.. y tuvieron que empezar otra vez.

Esta vez no fue el marinero a por ella, sino que lanzaron una guía amarrada a la nueva estacha -de unos 4 o 5 cts. de diámetro- con una hipermegaargolla. Entre Fabio, Miguel y Juan tiraban de ella para cobrarla, pero debía de pesar muchísimo porque no podían y estuvieron al borde del infarto a juzgar por sus jadeos, que eran parecidos a los de un pre-orgasmo

Por fin consiguieron cobrar los 600 metros y hacer firme, con lo que la operación continuó, esta vez tirando con un poco más de brío

Yo –¿Cuántos caballos lleva ese bicharraco?
Fabio –Lleva dos motores de 2600 CV cada uno
Yo- Eso le molaría a Choquero

En vista de que no avanzábamos en línea recta, volvieron a remolcarnos en zig zag para volver a intentar sacarnos de ahí más adelante, pero nada, todo parecía inútil.
 

Por fin a Puerto:

Yo empecé a pensar que aquello era misión imposible y le pregunté a Fabio si alguna vez se había dado el caso de que no consiguieran sacar el barco de ahí. La respuesta fue afirmativa y entonces le pregunté:

Y qué se hace en esos casos?
-Contratar un remolcador más potente. Nosotros solemos remolcar barquitos deportivos, pero es que este pesa más de lo corriente.

Ya estaba yo imaginándome al rescatador batiéndose en retirada cuando de repente vino una ola más grande de lo habitual coincidiendo con un tirón del remolcador. El Blue se adrizó y volvimos a posición horizontal después de muchas horas. Fabio cogió su radio:

Seguid, seguid, esto se mueve, vais de puta madreee!!!!!
-Si, parece que por fin lo sacamos
-De puta madre, de puta madre, esto es nuestro!!
!

El Blue volvió a flote y -como un enfermo que sale del coma reviviendo milagrosamente- volvió a navegar con más alegría que nunca

Aplaudimos apasionadamente a la vez que lanzábamos vivas y vítores por Salvamar que -por fin- nos habían sacado de ahín.

Aprovechando la posición horizontal, nos metimos dentro para despojarnos de la ropa empapada y ponernos algo seco; lo primero que encontramos. Fabio hizo lo propio con una camiseta y un pantalón de Juan que le presté, así como un chubasquero que no quiso ponerse. Nos sentamos en el sofá de la cámara alrededor de una botella de ron cuando Edita hizo su aparición estelar perfectamente peinada, perfumada y vestida con un vaquerito entallado de esos que se llevan con la cintura bajita, una camisetita que dejaba al aire su ombligo y una chaqueta de punto ideal, todo ello perfectamente planchado, almidonado e impoluto.
Fabio la miró flipado, debía de estar preguntándose de dónde había salido algo tan perfecto, y después se cruzó la mirada con Miguel quien le aclaró:

Es que ella es asín.

Todos bebimos menos Fabio, que como estaba de servicio no quiso pecar, aunque mantuvimos todos una animada charla durante las dos horas que tardamos en llegar a Marina Sant Carles, mientras Mónica se quedaba profundamente dormida de nuevo.

Les conté a mis compis que, de todo lo que nos había pasado, lo que más me había alucinado fue el momento en que Edita y yo nos encontrábamos en la cama de mi camarote y que, después de caernos al suelo en el momento más brutal de la tempestad, ella me preguntó si creía que le daría tiempo de arreglarse el pelo. Pero Edita interrumpió mi speech replicándome:

Eso es imposible, Marisu, no te pude decir eso
-Cómo que no!!! Me lo dijiste como que ahora mismo nos están remolcando
-Que no, que no, que no pude decirte lo del pelo porque me preocupaban -mucho más las manos, que las tenía aún peo
r

La carcajada fue general

MARINA SANT CARLES:


 

Durante una agradable y cómoda navegación de dos horas sin sustos ni maniobra alguna, si es que se puede llamar navegar a ir remolcados suavemente, pudimos contemplar cual paseo turístico por el Delta del Ebro el maravilloso entorno que nos rodeaba: aguas tranquilas, playas vírgenes, arrozales, bateas, salinas.. y hasta un restaurante encima de una plataforma flotante.

Yo echaba de menos mis charletas con el Salvamar, por las que me había sentido la prota imprescindible de una peli de aventura, así que agarré la alcachofa por última vez, a modo de despedida de esa nueva afición que tanto me había enganchado.

-Salvamar, Salvamar, vuelve a hablar Blue. Queríamos daros las gracias por todo, ha sido una operación brillante.
-Nada, nada, es nuestro trabajo.
-Un diez por vosotros, de verdad. Una curiosidad.. ¿Encalla mucha gente por aquí?
-Uuuf, muchísima, porque es una zona llena de bajos inesperados
-¿Y por qué no están señalizados?
-No se pueden balizar porque van cambiando de forma, tamaño y lugar; son barras de arena que se forman con las corrientes
-¿Bajos mutantes?
-Más o menos. Ustedes han pasado por una zona donde había tres barras: la primera la salvaron, la segunda también, pero la tercera ya no la pudieron pasar, varando irremediablemente.
-Pues qué peligro tiene esto de noche, es que no se veía nada de nada
-De noche y sin conocer la zona, esto es una trampa sin salida, y más con niebla y lluvia. La sonda pasa de seis o metros a uno o 50cms de repente.

Esta explicación alivió bastante a mi Juanico que, aunque seguía sintiéndose responsable de todo lo que había pasado, al menos se reconfortó por una especie de solidaridad tácita por parte de los cienes y cienes de barcos que habían acabado varados en alguna playa de los Alfaques o alrededores en la historia de la navegación.

Juan –Dile que les invitamos a todos a comer cuando lleguemos, que digan sitio; esta zona es famosa por lo bien que se come.
Yo –Eso ya se lo dirás tú cuando lleguemos, en vivo y en directo
Edita –¿Vamos a comer con ellos? que bien, ojalá sea guapo. Ya me lo estoy imaginando con su uniforme como el capitán del barco del amor, con sus galones y todo. Qué bonitos son los uniformes y qué elegantes están los hombres con ellos.

Por fin llegamos a Marina Sant Carles, un puerto natural impresionantemente bonito que se inauguró hace solo un año. Nada más pasar entre puntas apareció una lancha monísima con dos marineros, y coordinándose a la perfección con el remolcador, el uno nos soltó y el otro tomó el relevo para llevarnos al muelle de espera, donde también amarró el Salvamar.

En el pantalán esperaban otros dos marineros que nos ayudaron a amarrar y nos dieron la bienvenida. Los perros saltaron a tierra los primeros para correr y hacer sus necesidades, y ya me veis a mi corriendo detrás de ellos con la bolsita de plástico para recoger las heces, grrrrr

Enseguida llegó un contramaestre con su carrito de golf para preguntarnos si necesitábamos cable de la luz o manguera y suministrárnosla inmediatamente, al tiempo que me decía que no me preocupara por las cacas de los perros que ya las limpiaban ellos, a lo que -por supuesto- no hice caso, porque ya me parecía demasié
Qué maravilla de personal en ese puerto, qué amabilidad, que profesionalidad y qué eficacia!!!!

Por fin llegó el encuentro cuerpo a cuerpo con nuestros salvadores. El capitán, con su uniforme y sus palas en el hombro, se dirigió a mi con la mano extendida, pero como ya me parecía un viejo amigo le planté dos besos y le dije sintiéndome muy orgullosa:

Yo he sido la voz con la que has estado hablando todo el rato
-Encantado de conocerte

Todos nos saludamos con mucha cordialidad y alegría, y Juan les invitó a comer, pero declinaron la invitación porque estaban agotados después de haberse levantado a las tres de la madrugada para ir a salvarnos.
Juan aprovechó para pedirles la factura -un bicharraco me más de 5000 CV 12 horas con lo que eso tiene que tragar, mas los honorarios de cuatro hombres- que ascendía a 4.800 leuracos, lo que no fue tanto si pensamos que en principio tiene derecho a reclamar -con la ley en la mano- la mitad del valor del barco.

Después de ducharnos -por fin- con agua dulce y ponernos guapos, comimos en la agradable terraza con piscina del club, y a los postres apareció el capitán que tomó café y chupito con nosotros y nos contó un montón de anécdotas de salvamentos por la zona.

Edita se había puesto un modelito sepsi, sepsi y la mejor de sus sonrisas, con el fin de llamar la atención de tan apuesto cincuentón, pero sus esperanzas se vieron truncadas cuando José Manuel -que así se llamaba- nos dijo que le esperaba su mujer para irse el fin de semana a descansar a la montaña.

Por la tarde, todos hicieron la maleta, y después de una despedida muy efusiva, partieron de vuelta hacia sus destinos en tren o autobús, pues las obligaciones laborales les reclamaban.

-Marisu, Capitán, me habéis regalado la aventura más emocionante de mi vida, gracias!!!
-Edita, lo que otra persona hubiera vivido como unas vacaciones llenas de contratiempos, tú te lo has tomado como una travesía maravillosa. Eres la milk.
-Nosotros también nos lo hemos pasado teta, ha estado genial!!
-Miguel y Moni, tenéis un carácter tan bueno, siempre de buen rollo y contagiándonos las risas, que con vosotros da gozo ir a donde sea. Estáis invitados permanentemente
.

También mi Juan tuvo que marcharse a una reunión de trabajo en Valencia, y yo me quedé con mis perros más contenta que un ocho en ese puerto maravilloso donde pasaríamos aún una semana más. La aventura había terminado

FIN

En homenaje a mis perros tengo que contar una anécdota muy significativa y que, en su momento, se me olvidó.

Cuando estábamos en plena tempestad, López temblaba y andaba por encima de los cuerpos de Edita y mío sin parar, mientras que Chufo jadeaba y nos llenaba de babas. Estaban muy estresados con tanto movimiento, ruidos y -supongo- por el peligro que presentían.

Pues bien, siempre he oído decir que los animales tienen un instinto especial para presentir algunos fenómenos meteorológicos. De hecho, cuando ocurrió lo del famoso tsunami del sudeste asiático leí que los perros de Sri Lanca ladraban bastante antes de que ocurriera, y que se salvaron de la ola gigante porque habían echado a correr en sentido contrario antes de que nadie adivinara lo que se venía encima.

Un par de horas antes de que nuestro temporal amainara, Chufo y López dejaron de temblar y jadear respectivamente y comenzaron a mover el rabo. Se les veía por fin contentos y relajados, y le comenté este cambio de actitud de los perros a Miguel con mucha alegría. Efectivamente, el viento y las olas amainaron al cabo de un rato y el temporal llegó a su fin.

Brindo por mi Chufo y mi López

P.D. Como decía Miguel durante toda la travesía: Qué buena persona es López , jajajajajaja

Sí quería contaros mi estancia en Marina Sant Carles porque me quedé maravillada de ese puerto.
Mi Juan, al irse a Valencia a su reunión, se llevó por descuido mi cartera con toda la documentación, además de dejarme sin VISA ni un triste euro.
Cuando se dio cuenta llamó a capitanía y le dijeron que no me preocupara, que podía comer en el restaurante del club cuantas veces quisiera, que ya lo pagaría él al llegar, y que cualquier cosa que necesitara no tenía más que pedirla.
Además me entregaron una tarjeta -gratis- para poder hacer uso de la piscina, las duchas etc. y una tarjeta plastificada con un número de teléfono de asistencia del puerto 24h.

El contramaestre vino varias veces al muelle de espera a preguntarme si estaba bien y si necesitaba algo.

Un día que pasaba por delante del barco el gerente del puerto (inglés), salió Chufo a ladrarle. Yo le reñí, pero este señor me dijo que no me preocupara, puesto que estaba cumpliendo con su obligación de proteger y guardar el barco, al tiempo que le acariciaba y le decía:

Good boy, good boy.

Un día se corrió la voz de que en una playa del pueblo había varado un delfín, y lo comentaba una chica de recepción a sus compañeras. No pude contenerme porque me apasionan los delfines y les dije:

-Ooooh, qué pena no poder ir, con lo que me gustaría verlo
-No se preocupe, que yo voy a ir cuando termine mi turno, deme su móvil que la aviso y nos vamos juntas
-¿De verdad? Pero es mucha molestia, luego me tiene que volver a traer
-No es molestia ninguna

También los paseos con los perros por ese maravilloso puerto fueron estupendos, incluidos los baños de los canes en una laguna dentro del mismo puerto rodeada de campo virgen…

Pero esto no es todo. Al cabo de cuatro o cinco días llegó Juan y solicitamos llevar el barco a varadero para ver los daños. Inmediatamente estaban a nuestra disposición dos marineros con la lancha para remolcarnos hasta allí.

Como teníamos que esperar al perito nos dijeron que no nos preocupáramos, que nos dejarían abarloados al muelle de varadero hasta que nos viniera bien. El perito llegó después de varias horas y nos fuimos a comer con él al club: cuando volvimos al varadero ya habían movido el barco hasta colocarlo en el canal y lo levantaron en el momento preciso, no sin antes haber desatado a los perros -motu proprio- para dejarlos sueltos en tierra con el fin que no pasaran miedo, y darles un pozal con agua. ¿No es flipante??

Como los daños eran leves, decidimos volver a echar el barco al agua para repararlo en Barcelona al llegar, pero para poder volver navegando tenía que venir antes un mecánico local a reparar los motores y el generador. No nos pusieron ninguna pega, sino que muy al contrario, nos dijeron que podíamos quedarnos cuanto quisiéramos en ese mismo muelle, a la vez que nos daban una tarjeta para poder entrar y salir sin llamar

Al cabo de dos días más, el mecánico había terminado de arreglarlo todo y fuimos a despedirnos del personal del puerto y a pagar. La semana de estancia ahí, mas los servicios de remolque (éstos no los cobran) el agua, la luz (que tampoco las cobran), el parking del coche (tampoco lo cobran) y el travel-lift, sumaron un total de poco más de 350 euros, bastante menos de lo que nos cobraron otro año en La Savina por una sólo noche de estancia en las mismas fechas

¿Es o no es impresionante???

Un hurra por Marina SantCarles

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