Un fin de semana navegando por Altea

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Cuaderno de bitácora

Llegamos el viernes desde Madrid a última hora como siempre y solo tuvimos tiempo de estibar todos los bártulos en el velero Dufour 40 que nos esperaba atracado en el muelle. Cenamos en el restaurante que hay enfrente del Club Náutico de Altea, que se llama Il Timone, donde pedimos una carne que estaba estupenda.

Sábado. Altea – Peñón de Ifach – Moraira – Cap d´ Or – Isla del Descubridor – Altea (36 millas)

El sábado tras la firma del contrato de alquiler y de la descripción del barco con Albir Marina, salimos rápidamente a la bahía de Altea navegando de ceñida con un viento de flojo a bonancible procedente del NE (levante).

Poco después llegamos la ensenada de Calpe hasta alcanzar el imponente peñón de Ifach. Desde lejos se puede apreciar sus pliegues y fallas en sus paredes verticales, que ofrecen un aspecto curioso, como si se hubiese colocado en el mar a propósito. Según hemos consultado, resulta que este peñón era una isla separada de tierra por un estrecho poco profundo, donde se depositaron aportes de arena traídas por las corrientes a la costa. En 1919 se construyó un túnel que da acceso a la cara noroeste. De hecho vimos a varias personas paseando en el centro del peñón y cerca del mar, dejando claro que tuvieron que acceder por este túnel.

Peñón de Ifach

Tras pasar el peñón, vimos un gran número de veleros con sus velas hinchadas y dispersos en el horizonte; lo primero que pensamos era que se trataba de una regata y que íbamos directos hacia ella. Pero finalmente resultó que sólo eran veleros como nosotros disfrutanto de un día de lujo, con sol y nubes, y un viento perfecto para navegar. Nos llamó la atención uno de ellos que portaba un spinaker de color rojo que sobresalía del resto.

Velero en la Rada de Moraira

Pronto llegamos a la rada de Moraira y a continuación al cabo del Oro o Cap d´Or donde se ubica otra de la innumerables torres vigía de la costa levantina, la Torre de Cap d´Or. Desde aquí corregimos rumbo para ir como primera opción a la cala de la Granadella, ya que cuenta con una de las mejores playas de España, pero este no era el mejor día para recalar aquí; el viento era del noroeste y entraba mucha mar. A pesar de todo lo intentamos pero tuvimos que desistir para ir hasta una pequeña cala cerca de la Torre del Ambolo o del Descubridor que estaba bastante más protegida donde fondeamos para descansar de la larga travesía matutina. Aquí vimos flotanto una medusas alargadas de color marrón claro sobre gelatina que daban grima sobre todo porque no se movían apenas en el agua.

Isla del Descubridor

Tras el breve descanso, ¡cómo cambió la tarde!, el viento roló al sur y aumentó su intensidad a los 15 nudos con rachas de 20, así que regresamos de nuevo con rumbo de ceñida pero esta vez mucho más escorados. Entre la fotografía anterior y la siguiente apenas ha transcurrido una hora, hecho que no extrañará a aquellos que frecuentan el mar mediterráneo. Antes de las 9 de la noche arribamos en el puerto deportivo de Altea tras un largo e intenso día de navegación. 

Ensenada de Calpe

Domingo. Altea – Ensenada de Benidorm – Isla de Benidorm – Altea (21 millas)

A pesar de las casi cuarenta millas del día anterior, nos levantamos temprano y de nuevo zarpamos, esta vez con rumbo sur, hacia la ensenada de Benidorm, para ver el skyline de Benidorm, que sin duda recuerda al de Nueva York, Chicago o Hong Kong; aunque quizás me esté pasado con la descripción. Tras algunos bordos y trasluchadas para explicar a uno de los tripulantes cuáles eran los rumbos en un velero, y ver un pez volador, nos dirigimos a levante de la ensenada para recorrerla luego hasta poniente. Esta es una de las imágenes que tomamos:

Ensenada de Benidorm

Después nos acercamos hasta la isla de Benidorm donde fondeamos a unas boyas blancas situadas enfrente del muelle. Desde ahí salía un submarino amarilo (como el de la canción de los Beatles) que recorre la isla para que los visitantes disfruten de su fondo marino. Y también donde llegan los barcos que transportan viajeros desde Benidorm a la isla. La comida fue más que apacible, disfrutando de un entorno único y un tiempo más que favorable.  

Isla de Benidorm

Nada más, un plan estupendo de fin de semana con navegación intensa a vela y descanso en un entorno fantástico. Muy recomendable y bastante económico.

 

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